Fama, dinero, poder…todo pasa, nada permanece.

Como parte de un intercambio cultural, en el séptimo capítulo de la tercera temporada de House Of Cards, llegan cuatro monjes budistas tibetanos a la Casa Blanca los cuales estarán trabajando a lo largo de un mes en un mandala de arena. Los mandalas son figuras circulares, complejas, cuyo significado literal es círculo (la palabra proviene del sánscrito) y que son una representación simbólica y arquetípica del universo según la antigua cosmología budista. Éstos están constituidos por un conjunto de figuras y formas geométricas concéntricas que representan las características más importantes del universo y de sus contenidos.

Ahora, si bien su objetivo es fomentar la atención en un solo punto para meditar mientras se llenan de color con una meticulosidad quirúrgica, para la tradición budista los mandalas tienen otro significado muy profundo en lo referente a los placeres hedonistas. Y es que, como se puede ver en la producción original de Netflix, estas bellísimas y estéticas figuras requieren de arduo trabajo, disciplina, concentración y de una cuantiosa paciencia y, apenas los monjes las terminan, se debe realizar una ceremonia en donde se deshace por completo la figura y sus restos se tiran a un río.

Lo anterior tiene como fin recordar que todo en este universo cambia, se transforma, que todo llega a su fin y que nada dura para siempre, pues, para esta milenaria tradición espiritual, es precisamente nuestra incapacidad para entender plenamente la impermanecia de todos los fenómenos y nuestro apego a los placeres sensoriales la fuente del sufrimiento y de nuestras aflicciones mentales. En otras y más simples palabras, que solemos buscar dinero, poder o reconocimiento asumiendo que estas condiciones nos proveerán de bienestar y felicidad intrínseca, pero entonces y cuando éstas se ven amenazadas, el apego sale a relucir y nos invita a hacer casi que cualquier cosa por mantenerlas.

Claro que todo esto es algo que la perturbada mente de Frank Underwood (plagada de aversión y confusión) difícilmente podría llegar a entender e incluso al final del capítulo—con todo y su romanticismo—Francis deja ver su apego de una manera muy particular.

Fragmento de mi colaboración para La Otra Opinión de Ricardo Alemán, 10 de marzo de 2015: ADICCIÓN AL PODER: DE HOUSE OF CARDS A VENEZUELA.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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