No son las dos palomitas, es a dónde viaja nuestra mente…

img_7438Con el ruido, sensación y hasta polémica que ha levantado que Whats App habilitara una función en la que los usuarios podemos saber cuándo nuestros interlocutores ya han leído el último mensaje que enviamos, recordé una anécdota que el Dr. Paul Ekman relata en una de sus obras (hasta donde recuerdo es “Emotional Awareness”) y que ilustra como este tipo de incertidumbres pueden llegar a afligirnos.

Ekman recuerda una vez que su esposa debía viajar para dar una conferencia. En sus años de matrimonio era normal que cuando esto sucedía, apenas uno u otro llegaba a su destino, él o ella se comunicaban a casa para avisar que todo estaba bien. Sin embargo, en esa ocasión eso no sucedió. Minutos más tarde, el psicólogo estadounidense notó la hora y al principio menciona que con tranquilidad pensó que quizá ella aún no tenía oportunidad de marcarle y que el teléfono sonaría en cualquier momento, pero el tiempo pasó y entonces él decidió llamar; no tuvo suerte. Insistió en repetidas ocasiones; de nuevo sin suerte.

Fue así como él reconoce que su mente empezó a divagar y que un cúmulo de emociones empezaron a llegar a su sistema con cada intento que realizaba por contactarla. Primero preocupación (¿y si le paso algo?), después enojo (que desconsiderada) y así, hasta llegar a los celos (¿y si está con alguien?).

Es precisamente esta última emoción la que me parece verdaderamente significativa para los fines de este post. Y es que Ekman reconoce en su relato que su imaginación fue mucho más allá de lo posible. No porque una infidelidad no fuera probable, pero porque era la primera vez que pasaba algo así, su matrimonio iba bien y no había ninguna señal que objetivamente indicara que su esposa le estaba poniendo el cuerno. Sin embargo este estudioso de la emociones recuerda como el velo de los celos y el enojo nublaron por completo su juicio y lo llevaron a imaginar (vívidamente) que su pareja estaba con otro hombre.

Por fin sonó el teléfono. Ekman respondió molesto, pero su esposa luego de disculparse dio una explicación perfectamente entendible de porque no había podido llamar hasta ahora. Entonces el autor de “Emotional Awareness” se sintió como un tonto y por fin pudo observar el tamaño de ficción que había creado en su mente y que lo había hecho pasar un muy mal rato.

De ahora en adelante no sabremos por qué si ya leyeron nuestro mensaje, no nos contestan. Y vaya que esa incertidumbre nos puede parecer incomoda. Sin embargo, ante este escenario es muy poco lo que podemos hacer (quizá marcarle a la persona en cuestión), y si nuestra atención se queda clavada en este hecho, muy probablemente nuestra mente empiece a fantasear (y para esta no hay límite): me va a cortar, ¿y si lo secuestraron?, seguro está con otra, está enojada, no le pareció algo que le dije, ya valió el acuerdo, no le debí mandar mensaje, me va a cancelar, como se da su taco, no quiere que la contacte, qué estará pensando de lo que escribí, seguro se lo está enseñando a sus amigos, le vale madres, etc., etc. , etc.

¿Y quién sabe? Quizá esa persona este manejando, por entrar a una junta, revisando la información, estaba por responder, recibió una llamada y luego se le fue la onda, o hasta se la acabó la batería. El hecho es que si nuestra mente se centra y desarrolla sobre lo que no es real (al menos aun no tenemos la certeza), seguramente terminaremos pasando un mal rato y muchas veces sin razón alguna.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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