Disertación existencial sobre la insatisfacción (By Megamente)

542412_2Después de intentarlo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, el gran villano de Metrociudad por fin logró vencer a su némesis Metroman.

Entonces, el júbilo no se hizo esperar en Megamente y en su fiel secuaz y al ritmo de “Highway to hell” llegaron al ayuntamiento de la ciudad, proclamaron su victoria y dejaron en claro que ahora ellos eran los amos y dueños de la ciudad.

Así, los días siguientes fueron de gozo total y placer; robaron todos los bancos, vandalizaron todos los museos y jugaron por toda Metrociudad sin importar las destrucciones que provocaban a su paso.

No obstante, en poco tiempo toda esa felicidad y alegría por su victoria se transformó en tristeza, insatisfacción y hasta sufrimiento. Y es que después de tantos años de anhelar vencer a Metroman, Megamente por fin conoció la impermanencia que caracteriza a la satisfacción proveniente de cualquier resultado orientado al mundo exterior..

Lamentablemente, la verdad es que al igual que este villano, muchas (muchas) veces nosotros también asumimos que cuando por fin logremos ese gran sueño (ese ascenso, ese coche, la casa, vacaciones por el mundo, ser importantes, ricos o famosos, etc., etc.), lograremos ser felices y dejar de sufrir.

Sin embargo, si observamos atentamente cualquier otro logro con el que antes soñábamos, muy probablemente nos daremos cuenta que ese sentimiento de meloncólico ya lo hemos sentido anteriormente.

Ese diploma, ese bono, ese reconocimiento y esa meta por el que trabajamos arduamente nos llevó a sentirnos de maravilla al momento de obtenerlo pero al cabo de unas cuantas horas, días o semanas, esa emoción simplemente se apagó y entonces nos preguntamos, ¿qué sigue?

Y sí, quizá estén pensando que cuando se trate de ese GRAN LOGRO (ser director, tener mi empresa o casarme con un o una millonaria) todo será diferente y que esa felicidad y satisfacción será absoluta, duradera y determinante. Pero las emociones no son otra cosa que energía que viene y va, y si de nuevo observamos de cerca nuestros hábitos y tendencias al cumplir cualquier otro anhelo, descubriremos otra vez esa tendencia por buscar algo nuevo que nos lleve a sentir igual que cuando saboreamos aquel deseo.

Entonces, ¿qué nos garantiza que cuando alcancemos esa meta, ya no desearemos algo más que alimente esa nueva insatisfacción? O pero aún, ¿qué pasará cuando seamos incapaces de alcanzar esa aspiración? Acaso ¿dejaremos de disfrutar nuestro trabajo o nuestra vida?

Los objetivos fijados en términos de un resultado son un rápido camino a la ansiedad (nuestro foco de atención divaga al futuro) y a la insatisfacción (nuestro foco de atención divaga al pasado). Y el caso de Megamente es un claro ejemplo de lo anterior: cuando no podía derrotar a Metroman sufría y soñaba con el día en que lo lograría y cuando por fin lo venció, también terminó sufriendo porque simplemente no pudo (no sé puede) mantener esa sensación.

Y por supuesto que tener un sueño no es malo, pero en pos de un bienestar mental/emocional y de una mejor productividad en cualquier actividad que emprendamos, cualquier individuo debe aprender a fijarse pequeños objetivos de rendimiento que les permitan enfocarse en lo que realmente importa (el aquí y el ahora), así como de encontrar una motivación que vaya mucho más allá de fama, dinero o reconocimiento. De lo contrario, y como Megamente, le estaremos dando un abrazo al sufrimiento.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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