El rostro persuasivo.

Ayer hablé del rostro persuasivo, pero ¿de qué se trata esta cara que inspira confianza y competencia?

Bueno, en 2007 el especialista en percepción Alex Todorov descubrió a través de un experimento que un vistazo al rostro de ciertos candidatos es suficiente para predecir con un 70% de precisión el resultado de un proceso de elección popular.

Pero entonces la pregunta es obligada, ¿qué tiene la cara de los ganadores para persuadir al cerebro de los electores y que así voten por ellos?

En el atractivo programa “Brain Games” se nos invita a descubrir esto tomando una sencilla decisión, ¿Cuál de estas caras se ve más confiable?

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Si eligieron la primera están entre el 85% de las respuestas obtenidas por la producción del programa. Y es que según Todorov, “si la cara es más femenina, se vuelve más confiable y también parece más feliz. Al ser más masculina se vuelve menos confiable”.

Si lo pensamos un poco, lo anterior encuentra razón en la evolución humana ya que por el rol que jugaban las mujeres hace millones de años, era mucho más viable confiar ellas que en los hombres cuando de confianza y supervivencia se trataba.

Pero, ¿entonces nuestro cerebro tiene la capacidad para hacer cestos cálculos sociales en milésimas de segundo y solo a través de ver la cara de otro individuo?

Sí, así de simple y sencillo. Y de hecho, esto algo que no solo hacemos ante tener que tomar una decisión en un proceso electoral, sino todos los días en una entrevista de trabajo, al contratar un servicio, al subir a alguien a nuestro automóvil para darle un aventón o para abordar o no a un vagón del metro medio vacío y altas horas de la noche.

Insisto, la razón de este súper-poder es porque la selección natural siempre privilegió la supervivencia y entonces la evolución proveyó a nuestros ancestros de esta capacidad decidir muy rápidamente si podían confiar en alguien o no.

Hoy en nuestros días quizá el ejemplo más evidente de esta herencia es cuando decimos: “no sé qué fue, pero esa persona no me dio buena espina”.

Pero claro que nuestro juicio sobre una persona no siempre es acertado; a fin de cuentas, esto algo que decidimos en una décima de segundo después de ver el rostro de un individuo. Y por otro lado, son muchas las personas que la actualidad han aprendido a jugar con esta ultrarrápida capacidad de percepción humana en pos de sus intereses y los políticos por supuesto que no son la excepción.

Los tiempos han cambiado desde que los primeros humanos aparecieron en la tierra, y si bien seguimos tomando en cuenta la feminidad o masculinidad de un rostro para hacer un juicio de confianza, también hay otros elementos que rápidamente conjugamos en nuestro cerebro para decidir quién es más competente y confiable. Entre esos por supuesto está la ropa, los colores con los que vestimos, el look y algunos accesorios, pero tal parece que lo bien o lo mal que expresamos nuestras emociones y sentimientos a través del rostro es lo que marca si somos competitivos o no socialmente. 

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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