Para liberarnos a veces hay que encerrarnos.

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Dina: Y ¿ahora intentarás asustarme?

Chapman: En realidad, no. No quiero asustarte. Pero créeme, no quieres estar aquí…¿Cómo te llamas?

D: Dina

C: Dina. Qué lindo nombre. Dina, podría decirte muchas cosas para asustarte. Podría decirte que vas a ser mi G%H&G%H, podría decirte que serás mi esclava, que tendré sexo contigo aunque no tengamos sentimientos la una por la otra. Que haré contigo lo que la primavera hace con los cerezos, pero al estilo de la prisión. Es pablo Neruda. Pero ¿para qué?

Eres demasiado ruda, ¿no?

Sí, sé lo fácil que es convencerte de que eres algo que no eres. Y puedes hacerlo afuera. Porque puedes seguir moviéndote, mantenerte tan ocupada que no tienes que afrontar quién realmente eres. Pero…eres débil.

D: Aléjate de mí.

C: Yo soy como tú, Dina. Yo también soy débil. No puedo soportar esto sin tocar a alguien, sin amar a alguien…sé que era alguien antes de venir aquí. Tenía una vida que yo misma había elegido para mí. Y ahora lo único que hago es tratar de pasar el día sin llorar. Y tengo miedo. Todavía tengo miedo. Tengo miedo porque no soy yo misma aquí y tengo miedo porque sí lo soy. Lo que más asusta de la prisión no son los demás, Dina, sino enfrentarte cara a cara con quien eres de verdad. Porque cuando estás detrás de estas paredes no hay adónde correr, aun si pudieses correr. La verdad te alcanza, Dina. Y es ella quien te convertirá en su /H&/G%H&$”

Cuando vi esta escena de la serie “Orange Is The New Black”, inmediatamente recordé cuando el Dr. Alan Wallace nos preguntó en una conferencia, “¿por qué creen que el confinamiento es el peor castigo que puede recibir una persona en la cárcel?”

Y es que basta dejar de movernos, basta dejar de hacer todo lo que estemos haciendo, cerrar nuestros ojos y quedarnos así por unos cuántos minutos para descubrir el poco control que tenemos sobre nuestra mente.

Si lo intentamos seguramente al cabo de un rato, 10, 20, difícilmente llegaremos a los 30 minutos, nos descubriremos en una situación incómoda, con ansiedad y desesperación por levantarnos, ocuparnos, movernos y llenar de nuevo nuestra mente con distractores; claro, si es que no nos quedamos dormido antes.

Otro ejemplo lo encontramos cuando de noche un problema, una preocupación o un miedo se adueñan de nuestra consciencia y entonces simplemente no podemos conciliar de nuevo el sueño; damos vueltas en la cama, observamos cómo avanzan las manecillas del reloj, intentamos pensar en otra cosa pretendiendo ignorar aquel pensamiento perturbador, encendemos la televisión, tomamos el celular y revisamos nuestras redes sociales o incluso despertamos a un ser querido para platicar sin importar la hora.

Así es, nos incomoda estar con nosotros mismos porque nos suele dar miedo lo que hay en nuestro interior. Es por eso huimos y nos escondemos detrás del trabajo, la televisión, la tablet, las fiestas, los pasatiempos e incluso el alcohol y las drogas.

Pero como dice la protagonista de la serie, en ese mundo es fácil auto-engañarnos y convencernos de que todo está bien, de que somos felices, de que hay cosas más importantes, de que esos miedos y problemas se irán por si solos y de que la vida hay que disfrutarla con una hedonista plenitud porque está solo se vive una vez. 

Sin embargo, al menos de que la muerte nos alcance súbita e inesperadamente, no podemos correr por siempre; ya sea una pesadilla, la enfermedad, la vejez o alguna otra situación de la vida (la prisión en el caso de esta serie)   terminará por confrontarnos con la soledad y por ende, con nosotros mismos. 

Entonces y como dice el dialogo de Chapman y Dina, si no estamos preparados en ese momento la verdad nos alcanzará y nos convertirá en su esclava: culpas, miedos, arrepentimientos, lamentaciones, odio, tristeza, aferramiento, etc.

El Buda histórico dijo que la mente puede convertirse en nuestro peor enemigo pero también en nuestro mejor amigo. Y para nadie debería ser un secreto que el conocimiento es uno de los fundamentos de una amistad significativa.

Así que procuremos la soledad y el confinamiento—voluntario claro—; conozcamos, observemos y familiaricemos con nuestra mente; practiquemos la introspección con el mismo esmero que jugamos “Candy Crush” o con el mismo entusiasmo con el que vemos “Game Of Thrones”.

O en otras palabras, no esperemos a que las condiciones sean adversas para entonces vernos obligados al autoconocimiento. De esa forma, muy probablemente ese natural miedo humano a la soledad se terminé por convertir en un apreció por la misma.

“Temía estar solo hasta que aprendí a quererme a mí mismo”. Ernest Hemingway

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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