Nuestra atención no está educada (“o, ¿estás viendo a la mujer del vestido rojo?”)

¿A quién no le ha pasado algo así?

Evidentemente a los hombres les costará mucho menos trabajo encontrar un referencia, pero no sólo habló de cuando alguien atractiv@ se cruza por nuestro camino; ¡No! Hablo también de cuando estamos escuchando a alguien o leyendo algo y nuestra atención simplemente se va a otro estímulo físico o mental.

La atención es como un determinado número de fichas que vamos colocando en diferentes aspectos de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, supongamos que Neo tiene 10 fichas; al comenzar esta toma de la película “The Matrix” quizá él ponga una ficha en su caminar para intentar esquivar a quienes se encuentra en su camino, otra en observar el rostros de esas personas y las ocho restantes en escuchar la palabras de Morpheus. Sin embargo, en un momento el foco del protagonista se va completa, inconsciente e involuntariamente con un estímulo rojo que aparece por ahí. Es decir, que cuando aparece la mujer en el vestido rojo Neo pone todas sus fichas en ella y entonces deja de escuchar a su interlocutor.

Tan simple como esto: nuestra atención no está educada y tenemos mucho menos injerencia sobre esta de lo que pensamos.

Pero hay una metáfora mucho más significativa que podemos obtener de este fragmento de la película de los hermanos Wachowski, y son los riesgos que corremos al no atender lo que es verdaderamente importante. A fin de cuentas, lo que Morpheus le platicaba a este personaje no solo era transcendental, sino vital para la supervivencia de Neo en esta historia.

Y por supuesto que cuando hablo de riesgos no me refiero única o necesariamente a algo que ponga en riesgo nuestra vida, sino a qué estamos dejando pasar cuando decidimos perseguir a los conejos:

En la escuela, pasamos por alto la explicación para resolver aquella ecuación; preparando la junta de trabajo, omitimos un error en las gráficas de la presentación; en el partido de fut, nos madrugan por estar discutiendo con el compañero; con nuestra pareja, tenemos problemas de comunicación porque no escuchamos lo que nos dijo un día antes y manejando, chocamos por prestar más atención a los espectaculares o al mensaje que nos llegó en el celular.

¿A poco no?

Ahora, todo esto en sí no es nuestra culpa. Nuestro cerebro no fue diseñado para atender un solo aspecto plena y conscientemente. En el ámbito de la conducta social, nuestros ancestros debían afrontar diversos desafíos en pos de sobrevivir y pasar sus genes a una siguiente generación y por esto la selección natural los proveo de una mente capaz de cambiar de foco y ocuparse de diferentes aspectos incluso al mismo tiempo.

Sin embargo, es evidente que el ambiente en el que evolucionó nuestra especié ha cambiado considerablemente y por eso esta habilidad multitask (contrario a lo que se creía apenas unos años atrás) ya no representa la mejor estrategia para llevar a cabo las diferentes actividades, responsabilidades y retos de nuestra vida cotidiana; solo estamos dividiendo nuestras fichas.

Entonces y cómo dice Daniel Goleman en su más reciente obra “Focus: The Hidden Driver of Excellence”, la pregunta clave es ¿qué nos están costando nuestros distractores? 

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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