Meditando en el miedo.

«Sonríe al miedo, despierta tu valentía interior» —Chögyam Trungpa Rinpoché

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Desde siempre he sido un “coyón” para todo lo que se trata de doctores y dentistas. Aún recuerdo varias ocasiones en que siendo pequeño una simple inyección en el hombro o ver algo sangre me ponía mal. Hoy día la verdad es que las cosas no han cambiado mucho y una cita con el dentista o una toma de sangre se llegan a apoderar de mi mente minutos, horas y a veces hasta semanas antes de que estas sucedan—claro de todo depende de que se trate la consulta—: ¿Qué me van a hacer?, ¿Me va a doler, -No quiero que me duela, ¿Podré soportar el dolor?, ¿y si mejor lo pospongo?, ¿Por qué me da tanto miedo?, etc., etc., etc.

Sin embargo, en estos últimos días he tenido una experiencia que me demuestra, una vez más, que transformar nuestra mente es posible.

Y es que ya desde hace algún tiempo me salió una bola—no pequeña—al interior de la boca y que estaba alojada en mi cachete izquierdo a la altura de las muelas—sí, ya sé: qué asco—. Entonces un dentista me dijo que no parecía ser algo maligno pero que si era importante removerla porque eventualmente podría traer complicaciones; incluso cáncer.

Pero mientras el doctor me explicaba de qué se trataba la operación, mi mente se había quedado fija en la palabra removerla para después viajar a un futuro de ficción en donde ya me imaginaba sufriendo y con mucho dolor ante el pequeño y simple procedimiento.

De pronto, mis humildes habilidades como meditador me advirtieron que era momento de parar, atender al presente y no seguir elaborando pensamientos sobre el miedo que había llegado a mi mente; terminé de escuchar al doctor y me fui todavía un tanto agitado por la noticia.

No les voy a mentir, desde que se me dijo que debía someterme a ese procedimiento hasta que el día de ayer por fin se dio, paso un tiempo muy considerable. Y si bien yo argumentaba que era por otras cuestiones como carga de trabajo o economía familiar, la verdad es que el temor de que pusieran un bisturí en mi cuerpo era lo principalmente me hacía procrastinar la sencilla operación.

No obstante, en estas últimas semanas “me arme de valor” y concerté la cita para que por fin me quitaran esa bola fea y asquerosa que me saludaba cada vez que me lavaba los dientes. Y es que a fin de cuentas, como un apasionado estudiante de la mente, yo sabía que esa emoción que se apoderaba de mí cada vez que pensaba en el procedimiento era solo una ilusión.

Así, todo el día de ayer prácticamente no pensé en mi cita con el dentista y cuando eventualmente se aparecía en mi mente, yo intentaba llevar mi atención a la respiración, a otra actividad o al trabajo que estaba haciendo en ese momento.

Las horas pasaron y de pronto me encontré manejando hacia el Hospital. Mi consciencia aún coqueteaba con la posibilidad de posponer el procedimiento y hasta en tono de “broma” le dije a mi esposa:

-Mejor vamos a cenar

Nada; de nuevo intentaba enfocarme en las sensaciones de mi cuerpo al respirar; ya no había marcha atrás.

Llegamos al hospital, nos estacionamos, subimos al consultorio, me anuncie con la recepcionista y me senté a esperar pacientemente a que me echaran cuchillo.

Al paso de unos cinco minutos me pasaron, salude al doctor, me explico el procedimiento, me hizo llenar unos formularios y por fin ya estaba inclinado en la silla:

-Vamos a comenzar con la anestesia, dijo el doctor.

Entonces, cerré mis ojos y me dispuse a meditar sobre mi miedo sin juzgarlo y sin etiquetarlo; simplemente intentaba observarlo; observar las sensaciones que causaba en mi cuerpo y observar como inmediatamente quería llevar mi atención a lo que estaba por hacer el doctor.

Pare y recordé que “si tú controlas la respiración, controlaras todas las situaciones en la vida”.  Puse mi mano sobre el abdomen y entonces intente sencillamente darme cuenta como cada vez que inhalaba mi abdomen se inflaba y como cada que exhalaba este se desinflaba. Al principio no fue sencillo, mi mente estaba muy agitada y cambiaba constantemente de foco atendiendo a lo que decía el doctor, lo que sentía en mi boca y a una sensación de incertidumbre sobre cuando llegaría el dolor.

Lo intentaba de nuevo; inhalar, exhalar, inhalar exhalar.

-Puedes descansar, dijo el doctor, pero yo simplemente no lo escuché.

Lo repitió y entonces me levanté.

Curiosamente mientras descansaba un poco y él me decía que ya habían removido el 70% y que ahora iban a poner algunos puntos, yo sentí ganas de que el procedimiento continuará; ya no rehuía y quería seguir meditando en mi miedo; quería seguir dándome cuenta de que cuando yo lograba enfocarme en mi respiración, ese temor se desvanecía poco a poco.

Acto seguido, la operación concluyó.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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