La muerte: gran legado de Octavio Paz.

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Fue en mis años como preparatoriano, y más por obligación que por gusto, cuando leí por primera vez “El Laberinto de la Soledad”.

Recuerdo que si bien no comprendía del todo las palabras del gran escritor mexicano, yo sentía que él me hablaba de algo muy familiar; de algo que de alguna forma sí lograba digerir.

Cabe mencionar que ya en esa etapa de la vida, y como lo he confesado en otros textos, el miedo a la muerte era un pensamiento y una emoción muy recurrente en mí. 

Sobre esta certeza de la vida (la única), Paz escribió: “La muerte mexicana es el espejo de la vida de los mexicanos. Ante ambas el mexicano se cierra, las ignora”.

Fue así que por primera vez me pregunté si el obsesionado temor que me había perseguido durante tantos años era algo más cultural que natural, aprendido que innato, contextual que normal y mexicano que universal.

“Para los antiguos mexicanos la oposición entre muerte y vida no era tan absoluta como para nosotros. La vida se prolongaba en la muerte. Y a la inversa. La muerte no era el fin natural de la vida, sino fase de un ciclo infinito…El advenimiento del catolicismo modifica radicalmente esta situación. El sacrificio y la idea de salvación que antes eran colectivos, se vuelven personales…para los antiguos aztecas lo esencial era asegurar la continuidad de la creación; el sacrificio no entrañaba la salvación ultraterrena, sino la salud cósmica; el mundo, y no el individuo, vivía gracias a la sangre y la muerte de los hombres. Para los cristianos, el individuo es lo que cuenta” Octavio Paz.

Sin embargo, en aquellos años mi mente, mi corazón y mi carácter aún no estaban listos para sumergirse en un tema tan profundo y tan serio, pero tan natural; el miedo sencillamente era aterrador y yo prefería omitir aquella consecuencia lógica de la vida.

Y es que efectivamente, por lo general y esto algo que prácticamente no ha cambiado desde que Paz escribió su “Laberinto de Soledad”, al mexicano (y yo diría que al occidental) no se le enseña, no se le estimula y no se le incita a pensar y preparar su muerte.

Por el contrario y a pesar de su presencia en algunas de las tradiciones más arraigadas de nuestra cultura, el fin de la vida nos es indiferente durante la mayor parte de esta. Y sí, es cierto, jugamos y nos divertimos con la flaca pero porque atrevernos a tomarla enserio nos acongojaría y nos pondría en un estado emocional poco propicio para la fiesta; poco propicio para lo que entendemos es la vida.

“…el desprecio a la muerte no está reñido con el culto que le profesamos. Ella está presente en nuestras fiestas, en nuestros juegos, en nuestros amores y en nuestros pensamientos. Octavio Paz”

 “…Y porque no nos atrevemos, no podemos enfrentarnos con nuestro ser, recurrimos a la Fiesta. Ella nos lanza al vacío, embriaguez que se quema a sí misma, disparo en el aire, fuego de artificio. Octavio Paz”

Pero la realidad es que la única forma de vencer el miedo a la muerte, no está en burlarnos de esta sino en quitarle la mayor ventaja que tiene sobre nosotros.

Curiosamente, o no tanto (no creo en la coincidencias), hoy por la mañana y con el pretexto de que el primer trimestre del año ha llegado a su fin, escuchaba en la radio el llamado de un comunicador para recordar y hacer una evaluación de cómo iban aquellos propósitos a los que nos “comprometimos” en las últimas horas de 2013.

Entonces recordé el mío (“Un buen propósito de Año Nuevo: prepararme para la muerte.”) y tuve una sensación de agradecimiento hacia Octavio Paz quien también escribió: “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida”.

Así, sin más, y en uno de los más grandes tratados sobre la identidad sobre nuestro pueblo, su autor deja en claro que el mexicano desconoce e ignora a la muerte porque el mexicano desconoce e ignora que es la vida.

Pero quizá, por fuerte y severo que sea el señalamiento, este sea uno de los grandes legados que nos dejó este gran escritor. Y es que si eventualmente aspiramos a entender, a disfrutar consciente y responsablemente, pero sobre todo, a dotar de un significado a nuestra existencia, debemos comenzar por privar a la muerte de su extrañeza y acostumbrarnos a esta. De lo contrario, nuestro paso por este mundo será marcado por un aferramiento a la vida que necesariamente derivará en sufrimiento, neurosis e insatisfacción porque la fiesta simplemente no puede continuar para siempre. 

“Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir a desaprendido a ser esclavo” Montaigne

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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