Menos es Más: Una reflexión sobre la riqueza y el apego.

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Como les platiqué la semana pasada, hace poco me quedé sin chamba; ustedes disculparan que de nuevo vuelva a traer a colación este tema, pero es que si uno no escribe de las experiencias que se le van presentando en la vida, ¿de qué escribe entonces?

Total que ayer fui a entregar mi declaración final de bienes. Y es que cuando laboras en la función pública, es una obligación (al menos en el estado de Querétaro) presentarla cuando se toma y cuando se deja el cargo.

Este documento es un cuadernillo de 10 páginas en donde pones tus datos personales, la dependencia y el puesto en el que te desempeñas (té), los bienes inmuebles que te pertenecen, vehículos, cualquier artículo de lujo (cuadros, joyas, relojes, etc.) y el status de sus cuentas bancarias, entre algún otro dato. Si uno no presenta la declaración, de entrada se hace acreedor a una multa que puede llegar (dependiendo del sueldo de cada funcionario) a ser bastante considerable; así que más vale cumplir con este requisito.

Entonces llegué al centro de la ciudad, me senté en una banca de la plaza central y ahí mismo me dispuse a llenar el documento. La verdad es que es algo tedioso hacerlo, con tan solo leer las instrucciones y escribir los datos personales, a uno le viene a la mente el recuerdo de algún examen pesado o de alguna aburrida prueba psicométrica.

Sin embargo, al pasar las páginas llegó mí una interesante metáfora que me motivó a reflexionar sobre la riqueza y el apego. Y es que en la sección en donde uno declara sus bienes, en la parte superior derecha encuentra un pequeño cuadro con la leyenda “no poseo ninguno” y en el resto de la hoja una gran tabla para anotar todo lo referente a una determinada pertenencia.

Por mi parte, en inmuebles marqué el pequeño cuadro; en vehículos hice lo mismo; en artículos de lujo, también y entonces pensé: “qué fácil es esto…que fácil es cuando uno no tiene nada”.

Claro que en ese momento yo hablaba de la prueba y me imaginaba lo laborioso que seguramente es para muchas otras personas llenar este cuadernillo. De hecho, en las instrucciones se menciona que si el espacio para declarar los bienes no es suficiente, usted puede anexar otra hoja; que broca, ¿no?

Termine de responder el formato, lo entregué y al salir de las oficinas de gobierno me quedé pensando sobre este tema y me pregunté si la conclusión a la que había llegado en relación a este trámite era o no aplicable a la vida “real”. En otras palabras, ¿que si el no poseer nada, en verdad puede hacer la vida más sencilla y llevadera?

Dicen que los humanos “sufrimos porque no tenemos lo que deseamos, y cuando lo obtenemos sufrimos porque no lo podemos conservar”. Y es que durante los últimos 100 años y bajo la influencia del capitalismo, ahí hemos ido todos buscando acumular pertenencias sin darnos cuenta de los grandes desequilibrios mentales que este hábito genera en nosotros. Entonces todo se convierte en un círculo de apego a nuestras posesiones, de temor a perderlas, de ansiedad por obtener más y de insatisfacción por que la felicidad auténtica (lo que buscamos todas las personas) simplemente no está en la acumulación de riqueza.

Y no me malentiendan; por supuesto que no se trata de abandonar todo y convertirnos en “renunciantes” para poder dejar atrás el apego y alcanzar la felicidad.

Claro que eventualmente me gustaría tener una casa propia para compartirla con mi familia, para educar a mis hijos (si es que lo tengo) y contar con los recursos suficientes para mantenerlos, por lo que quizá lo más importante para llevar una vida significativa y aspirar a la realización como ser humano, no esté acumular pertenencias o desasearnos de estas, sino en atar nuestra existencia a un fin o a un ideal y no a una persona o un objeto.

En fin, creo que la vida sí es más fácil y simple, no cuando menos tenemos (es evidente que todos requerimos cubrir ciertas necesidades básicas), sino cuando menos necesitamos.

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