Comunicación No Verbal: el contexto siempre será lo más importante.

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El pasado 28 de febrero el New York Times publicó un interesante artículo que no sólo pone en contradicho los hallazgos del Dr. Paul Ekman sobre el reconocimiento universal de las expresiones faciales sino que también podría desafiar (según el texto) la teoría de Charles Darwin que indica que los movimientos del rostro evolucionaron en el ser humano para que este pudiera expresar emociones.

En “What Faces Can’t Tell Us”, Lisa Feldman Barrett, autora de este texto y Directora del Interdisciplinary Affective Science Laboratory, señala que el supuesto de que todos los seres humanos podemos reconocer en el rostro de otra persona al menos seis  expresiones sin importar el lugar, etnia y cultura en la que nos hayamos desarrollado, es falsa.

Para llegar a la conclusión anterior, Feldman y su equipo de trabajo comenzaron por observar ciertas presuntas deficiencias en el método de investigación utilizado por Ekman:

En particular, se sospechaba que al proporcionar a los sujetos de un conjunto preseleccionado de palabras emocionales, estos experimentos inadvertidamente “predisponían” a los sujetos – en efecto, haciendo alusión a las respuestas – y por lo tanto sesgado los resultados”.

Es así que los investigadores del Interdisciplinary Affective Science Laboratory corrieron a consultar otros estudios al respecto y en donde efectivamente, cuando a los sujetos no se les proporcionaba ninguna pista y se les pedía expresar libremente sus emociones o se les pedía que después de ver dos caras digieran con un sí o con un no si se trataba de la misma emoción, su rendimiento en la prueba disminuía considerablemente.

Posteriormente, Feldman diseño y llevó acabo su propio experimento:

“De hecho, nosotros probamos a sujetos no occidentales enviando una expedición a Namibia para trabajar con una tribu remota llamada los Himba. En este experimento, se presentaron a los himba 36 fotografías de seis actores cada uno haciendo seis expresiones faciales: la sonrisa, el ceño fruncido, el poner mala cara, con los ojos abiertos y así sucesivamente. Cuando les pedimos a los sujetos que ordenaran las caras por la forma en que los actores se sentían, los Himba pusieron todas las caras sonrientes en una sola pila, la mayoría de los rostros con los ojos abiertos en una segunda pila, y los montones restantes las mezclaron. Posteriormente, cuando se les pidió etiquetar sus pilas, los Himba no usaran palabras como “feliz” y “miedo”,  y en su lugar utilizaron palabras como “riendo” y “mirando”. Si el contenido emocional de las expresiones faciales fueran de hecho universales, los Himba habrían clasificado las fotografías en seis pilas de expresión, pero no lo hicieron. Estos resultados sugieren fuertemente que las emociones no son universalmente reconocidas en las expresiones faciales, desafiando la teoría, atribuida a Charles Darwin, que los movimientos faciales pueden evolucionar conductas para expresar la emoción”.

Al respecto de este artículo y desde mi precaria experiencia en el estudio de esta materia, me permito compartir con ustedes tres observaciones:

1. Es importante considerar que el trabajo de la profesora de psicología de la Universidad de Northeastern University, no sugiere en ningún momento—al menos a mí no me lo parece— que los gestos de felicidad, tristeza, miedo, sorpresa, enojo y repugnancia (la emociones básicas según Ekman) no sean universales, sino que quizá no todos podemos identificarlos con la misma “destreza” . En otras palabras, que un individuo sea incapaz de describir una emoción a partir de una expresión facial, no quiere decir que en este no aparezcan cuando se presenta la misma emoción. Por lo que el rostro humano debe seguir siendo considerado un reflejo directo del estado emocional de las personas aunque no todos puedan captar con la misma facilidad sus mensajes. Y si las expresiones faciales son universales en su expresión pero no en su “reconocimiento”, desde mi punto de vista esto no puede poner en contradicho las teoría de Darwin.

2. Que si bien parece que no todos los seres humanos podemos identificar emociones a través de una expresión facial con la misma eficacia sin un contexto específico (como en las investigaciones de Ekman), quizá esta discapacidad esté mucho más relacionada a la ignorancia y la torpeza emocional que abunda, por lo general, en las sociedades a nivel mundial.

Y es que trabajando con niños y jóvenes, o incluso cuando he impartido algunos talleres de Inteligencia Emocional a adultos profesionistas, me he topado con personas que en ocasiones confunden o son incapaces de reconocer ciertas expresiones faciales e incluso incapaces de ponerle nombre y apellido a las emociones que ellos sienten en determinado momento: para referirse a la tristeza por ejemplo, utilizan palabras como chipil o blue, o incluso, en una ocasión un joven se refirió a lo que Ekman llama fiero (una emoción relacionada al valor, la garra, el pundonor, etc.) como sacar el fua (una expresión que se puso de moda en nuestro país a raíz de un video viral en Youtube).

Entonces y por increíble que parezca por tratarse de una sociedad occidentalizada, si yo aplicara una prueba similar a la de Feldman a estos individuos, ellos muy probablemente también fallarían en algún reactivo y sin embargo no significaría que no reconocen de alguna forma la funcionalidad de las emociones; algo similar a lo que sucedió con los himbas.

Y es que a fin de cuentas, el término, el concepto, su educación y lo que entendemos por cierta emoción, sí está relacionados directamente con la cultura y es por eso que quizá requerimos de un contexto para identificarlas o describirlas.

3. Hacía el final de su texto Feldman habla precisamente de la importancia del contexto en la correcta interpretación de la comunicación no verbal. Y este es un punto en el que creo que todos los estudiosos del lenguaje no hablado estarán de acuerdo: intentar formularse un juicio sobre el estado emocional de una persona sólo enfocándose en una parte del cuerpo (ya sea la cara o el cuerpo) es una rápida vía al error. Y es que aunque ciertamente pudiéramos detectar cada expresión facial, nunca debemos interpretar estos signos aisladamente.

En otras palabras, que más allá de si los gestos se pueden o no reconocer universalmente, a leer el lenguaje corporal jamás deberemos de prescindir del contexto en el que estos se producen.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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