¿El lado obscuro de la inteligencia emocional?

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El día de ayer me encontré con un texto publicado por The Atlantic que se apoderó inmediatamente de mi atención: The Dark Side of Emotional Intelligence.

Al leer el título en Twitter, no recuerdo haber tenido algún pensamiento en particular, pero eso sí, no dude ni un segundo en abrir el enlace.

Entonces, debajo del título leí  un balazo que hace una síntesis bastante acertada del artículo:

(…) In some jobs, being in touch with emotions is essential. In others, it seems to be a detriment. And like any skill, being able to read people can be used for good or evil”.

Lo primero que vino a mi mente y en cuanto al bien y el mal, es que esto era completamente cierto y para nada nuevo. De hecho, Sherlock Holmes en alguna ocasión le dijo a su fiel compañero, “Ese hombre me intriga, Watson; sabe ocultar muy bien sus emociones”. Y así, tanto en la ficción como en la realidad, miles de villanos, dictadores, estafadores y asesinos se ha distinguido por su extraordinaria capacidad para gestionar sus emociones y manipular a través de estas a las personas a lo largo de la historia de la humanidad.

Pero entonces, ¿la inteligencia emocional (IE) realmente tiene un lado obscuro?

Desde mi punto de vista, no y sí. No porque si nos atenemos a los cinco pilares de esta habilidad, debemos considerar la empatía y es evidente que Hitler (ejemplo que utiliza el autor del texto) no tuvo esta para con las millones de víctimas del holocausto.

Y sí, porque también es cierto que un individuo podría tomar la autoconciencia, la autogestión y las habilidades sociales para fines egoístas.

(…)Emotional intelligence is important, but the unbridled enthusiasm has obscured a dark side. New evidence shows that when people hone their emotional skills, they become better at manipulating others. When you’re good at controlling your own emotions, you can disguise your true feelings. When you know what others are feeling, you can tug at their heartstrings and motivate them to act against their own best interests.

Pero entonces, ¿la IE no es la gran panacea para una amplia gama de problemas sociales como desde 1995 nos lo ha hecho creer Daniel Goleman y muchos otros autores e investigadores?

(…) If we can teach our children to manage emotions, the argument goes, we’ll have less bullying and more cooperation. If we can cultivate emotional intelligence among leaders and doctors, we’ll have more caring workplaces and more compassionate healthcare. As a result, emotional intelligence is now taught widely in secondary schools, business schools, and medical schools.

Bueno, una vez más la respuesta depende. Y para explicar porque me permito platicarles una anécdota que Tony Karam, Director de Casa Tíbet México, nos relató en alguna ocasión.

Pero antes de continuar creo que es importante saber que en el budismo tibetano hay dos diferentes y básicas prácticas meditativas. Por un lado está Shamata, cuyo objetivo, a grandes rasgos, es desarrollar la atención plena, sostenida y voluntaria. Y por el otro, tenemos la práctica Vipassana, que (una vez más) en pocas palabras: su objetivo es ver las cosas como son en realidad y no como nosotros somos o como nosotros las percibimos.

Para no hacer más largo el cuento, Tony nos platicó que él tiene un conocido (un psiquiatra) que lleva muchos años practicando la meditación con una extraordinaria dedicación y disciplina. El hombre llega a meditar a un centro de budismo zen a las 5 de la mañana y practica dos horas diarias para después irse a trabajar. Sin embargo, este doctor sólo hacía Shamata y no Vipassana.

Por sus características, el Shamata es una extraordinaria herramienta para desarrollar la autoconciencia, la autogestión y las habilidades sociales. Esto porque al atender tan minuciosamente a mi mente, puedo conocer mejor el qué y por qué de mis emociones, puedo identificar más rápido cuando una de estas está por aparecer mi sistema y también las puedo distinguir más presta y fácilmente en otras personas.

El resultado de lo anterior: un individuo extraordinariamente inteligente, lúcido y con un gran control de su mente y sus emociones, pero egocéntrico, narcisista y prepotente.

Y es que como a continuación nos dio a entender el Director de Casa Tíbet México, al estar la práctica del Vipassana enfocada a entender la impermanencia, insatisfactoriedad, e insustancialidad de los fenómenos, esta da una especia de guía ética al practicante pues con el tiempo entiende que en el ego y el apego no hay nada beneficioso para él.

Por supuesto que con lo anterior y más allá de que varias las investigaciones científicas que han corroborado los beneficios de la meditación en el cultivo de la sabiduría y el equilibrio emocional, no quiero decir que todos debemos sumarnos a estas dos prácticas para desarrollar una inteligencia emocional positiva (también hay otros caminos), pero así como cuando el Shamata no se acompaña Vipassana, cuando la IE no se acompaña de ética, esta ciertamente puede tener un lado obscuro.

Así que sobre esto coincido con el profesor Kilduff; quizá es momento de que empecemos a diferenciar los valores y la moral, de la IE, pero yo sigo creyendo firmemente que es fundamental que estás se apliquen integralmente como solución a muchos problemas que hoy aquejan a nuestra sociedad: violencia, pandillerismo, drogadicción, depresión, suicidios y bullying, entre algunos otros.

(…) Thanks to more rigorous research methods, there is growing recognition that emotional intelligence—like any skill—can be used for good or evil. So if we’re going to teach emotional intelligence in schools and develop it at work, we need to consider the values that go along with it and where it’s actually useful. As Professor Kilduff and colleagues put it, it is high time that emotional intelligence is “pried away from its association with desirable moral qualities.

Finalmente y manera de conclusión, el autor también señala que con base en nuevas investigaciones se puede establecer que la inteligencia emocional tampoco es del todo esencial y beneficiosa para todo el mundo laboral.

(…) However, in jobs that involved fewer emotional demands, the results reversed. The more emotionally intelligent employees were, the lower their job performance. For mechanics, scientists, and accountants, emotional intelligence was a liability rather than an asset. Although more research is needed to unpack these results, one promising explanation is that these employees were paying attention to emotions when they should have been focusing on their tasks. If your job is to analyze data or repair cars, it can be quite distracting to read the facial expressions, vocal tones, and body languages of the people around you. In suggesting that emotional intelligence is critical in the workplace, perhaps we’ve put the cart before the horse.

Lo anterior y aunque Adam Grant también reconoce que aún se debe investigar más sobre esta hipótesis, muy probablemente es cierto. Pero desde mi punto de vista, querer entender los beneficios de IE sólo por sus bondades en el trabajo, es una visión muy corta de lo que esta habilidad puede lograr en las interacciones sociales en general.

Y es que como dice el Dr. Paul Ekman en “Emotional Awareness”, entender las emociones, las propias y las de otros, puede ayudarnos a “…mejorar nuestra comunicación, modificar nuestras respuestas y minimizar el impacto emocional en los demás”.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

Fuente Consultada:

The Dark Side of Emotional Intelligence: http://www.theatlantic.com/health/archive/2014/01/the-dark-side-of-emotional-intelligence/282720/

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