Un buen propósito de Año Nuevo: prepararme para la muerte.

“Es muy triste que la mayoría de nosotros empecemos a apreciar la vida cuando estamos a punto de morir” Sogyal Rimpoché

“La muerte no es deprimente ni seductora; es sencillamente un hecho de la vida” Sogyal Rimpoché

1521668_10152081906735742_1872976503_nQué difícil es sentarse a escribir en esta fecha, el último día del año, sin caer en lo predecible, trillado  y repetitivo. Es por eso que hoy que todos solemos soñar, ilusionarnos y fantasear con los grandes éxitos, aventuras, viajes, proyectos y alegrías que vendrán en 2014, yo quiero reflexionar brevemente sobre algo que bien podría llegarnos en el año que está por comenzar; de hecho, podría llegarnos esta misma noche, antes de que suene la última campanada de las doce—¿qué dramático verdad?—o incluso tan solo un par de segundos después de que yo escriba estas palabras y de que tú las leas: la muerte.

Un viejo dicho dice que “si nada entra, nada sale”, y afortunadamente hace poco me topé con una obra que me ha invitado, con un fuerte golpe de conciencia, a pensar sobre a la única certeza que tenemos los seres humanos: “no sabemos cómo, ni cuándo, pero sabemos que vamos a morir”.

Sogyal Rimpoché, autor del libro “El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte”, dice en las primera páginas que “…la mayor parte del mundo vive o bien negando la muerte o aterrorizado por ella“, y he de confesar que, desde que tenía alrededor de siete años de edad, yo soy una de esas personas 

Aún recuerdo vívidamente las noches en que la agitación mental por pensar en este tema me privaban del sueño; entonces prendía la tele e intentaba distraerme con lo que fuera (incluso con infomerciales). Aún recuerdo despertar en medio de la noche con el corazón agitado y golpear la pared, por la impotencia de no poder erradicar ese miedo de mi mente, o agarrar algún objeto (mi cama o el buro) como queriéndome aferrar a la vida.

Ya de adolecente, llegué a pensar que cuando fuera adulto el terror por tener que fallecer algún día ser iría, pero con el tiempo descubrí que eso no iba a pasar; no por arte de magia. Y es que durante mis estudios universitarios volví a tener una crisis existencial (quizá la peor) que dominaba mi conciencia la mayor parte del día y no me dejaba dormir por las noches. Entonces, la impotencia y el coraje eran más grandes porque de nuevo me sentía como un niño; completamente indefenso.

Hoy día, el miedo a la muerte no se ha ido, al menos no del todo. Inclusive, un par de años atrás recuerdo haber tenido el que ha sido mí último ataque de pánico por darle vueltas en la cabeza a este natural fenómeno de la vida. Si algún día volveré a tener alguno de estos abruptos asaltos mentales, no lo sé, probablemente sí.

Sin embargo, algo ciertamente ha cambiado en mi actitud hacia la muerte en los últimos meses. ¿Qué? y ¿por qué? es algo que aún no logro entender del todo; quizá este cambio aún es demasiado joven como para asimilarlo, pero de un tiempo acá (incluso antes de empezar a leer la obra de Rimpoché) me he descubierto pensando, meditando e imaginando lo que podría ser mi despedida de esta realidad sin sentir el mismo temor y ansiedad que antes me obligaban a encender la televisión para poder distraerme y eventualmente quedarme dormido. Curiosamente, o no tanto porque la muerte llega momento a momento, dos funerales a los que he asistido recientemente han sido experiencias verdaderamente enriquecedoras y en las que he podido analizar introspectivamente lo que sucede en mi mente y en mi sistema cuando evoco la fecha de expiración que todos tenemos y la propia.

Insisto, desconozco a ciencia cierta qué es lo que ha cambiado (muy probablemente y si aún estoy con vida, en algunos años escriba de nuevo sobre este fenómeno y entonces sí pueda explicarlo), pero me gusta pensar que como dice el fragmento de Montaigne que ilustra este texto y que está contenido en “El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte”: he empezado a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre mí.

El camino para vencer el miedo a la muerte por supuesto que aún es muy, muuuuy largo. Y es por eso que en vísperas de darle la bienvenida a 2014, yo me he planteado un solo propósito de año nuevo: “privar a la muerte de su extrañeza, frecuentarla y acostumbrarme a ella”.

Y quizá, intentado tomar consciencia en todo momento sobre este inminente destino, pueda aprender a vivir mejor, a ser feliz y a ser un mejor ser humano.

¡Feliz Año Nuevo!

“Debido a su creencia en que no existe más vida que ésta, la gente hoy no ha desarrollado una visión a largo plazo; en consecuencia…no hay nada que les impida saquear el planeta para sus propios fines inmediatos y vivir de una manera egoísta” Sogyal Rimpoché

 “Podemos empezar, aquí y ahora, a encontrar sentido a la vida. Podemos hacer de cada instante una oportunidad parar cambiar y prepararnos de todo corazón, con precisión y serenidad, para la muerte y la eternidad” Sogyal Rimpoché

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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