La felicidad hedónica es como un jugoso corte de carne.

maxresdefaultEl miércoles y durante mi clase teórica de budismo tibetano, reflexionábamos sobre la felicidad hedónica, y al hacerlo una escena de la película The Matrix vino a mi mente.

Cypher está a punto de vender a Morpheus al agente Smith en un elegante restaurant, corta un trozo de carne y entonces dice:

Sabes, yo sé que este corte de carne no existe. Yo sé que cuando lo pongo en mi boca, la Matrix le dice a mi cerebro que está jugoso y delicioso. Después de nueve años, ¿sabes lo que puedo concluir? (Cypher come el bocado y luego afirma) La ignorancia es una bendición.

Quizá, y si consideramos lo “fácil”, cómodo y accesible que puede llegar a ser estimular los placeres sensoriales, este personaje tenga razón: fama, dinero, poder, sexo, drogas y abundantes comidas pueden llenar nuestros sentidos y llevarnos a un estado de satisfacción.

Pero, ¿por cuánto tiempo?

Y sí, sé que muchos de ustedes estarán pensando: -bueno, tampoco es tan sencillo conseguir algunas de las condiciones anteriormente mencionadas. Pero, ¿acaso para una mente perturbada no es extremadamente sencillo  robar, traicionar, engañar, hostigar o acosar?

Y es que si cometemos el error de confundir los placeres hedonistas con felicidad, pronto podríamos cacharnos pasando por encima de los demás, estafando, engañando, ingiriendo drogas, y, por qué no, matando y violando-basta leer los periódicos un día para entender que esto no es nada del otro mundo-para alcanzar un estado mental de placer.

Es cierto, la ignorancia es una bendición, pero sólo para todos aquellos que no están conscientes de la impermanencia de la vida: en donde todo cambia y nada persiste. 

Muy probablemente Cypher comenzó encontrando gozo en una pequeña mentira, en un insignificante engaño o en una ligera traición, pero pronto descubrió que la satisfacción que encontraba a través de estas acciones no la podía mantener; duraba poco.

Y entonces, ¿qué seguía? La respuesta es evidente: más engaños, mentiras, traiciones y demás acciones para alcanzar de nuevo ese placer que solemos confundir con felicidad. A esa altura, el apego, la aversión y la confusión, serán una consecuencia natural y reinante en nuestra mente que intentará a toda costa extender la satisfacción que los placeres hedonistas producen.

Quizá, lo más peligroso de todo esto es la extraordinaria capacidad de autoengaño que los humanos poseemos y que en nuestro afán de encontrar felicidad bien podría llevarnos a traicionar, sin inmutarnos, a nuestras más cercanos amigos, a nuestros familiares y hasta a nuestra propia pareja.

Sufrimos porque no tenemos lo que deseamos, y cuando lo obtenemos sufrimos porque no lo podemos conservar; Cypher terminó de comer su delicioso y jugoso corte de carne.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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