Nunca nos quitamos la máscara.

mascaras-ichigo-anonymous-scream-saw-halloween-terror-broma-5839-MPE5005690848_092013-OSin importar si es para salir a pedir dulces o para asistir a una fiesta en donde repartirán chupe, muchos se rompen la cabeza en estos días para decidir cuál será su disfraz en este Halloween. Y es que esta celebración permite que las personas exploren, fantaseen y vivían, por lo menos un  día al año, otras personalidades–algo que siempre ha despertado la curiosidad y el interés del ser humano–por lo que elegir un buen disfraz no es cosa menor.

Pero, ¿acaso necesitamos de una máscara para representar y evocar a otros personajes?

La respuesta de Erving Goffman, quien dijo que probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado original de la palabra persona sea máscara, sería un rotundo no. Y es que para el sociólogo canadiense, lo anterior es un claro reconocimiento del hecho de que, más o menos conscientemente, siempre y por doquier, cada uno de nosotros desempeña un rol…Es en estos roles, es donde nos conocemos mutuamente; es en estos roles donde nos conocemos a nosotros mismos.

En otras palabras, que hombres y mujeres, ante diferentes situaciones, escenarios y personajes, actuamos y representamos un rol conforme a la impresión que queremos que los otros obtengan de nosotros y conforme a nuestros objetivos sociales, económicos y políticos. Es decir, que los seres humanos no solo utilizamos máscara en Halloween, sino varias a lo largo de un día normal.

Lo anterior es algo tan usual en nosotros, que pasa inadvertido la gran mayoría de las veces, pero si un día tomas a una persona como referencia y observas su comportamiento por un buen rato y ante diferentes situaciones y personas, veras que los cambios en su personalidad son evidentes.

De hecho y en ciertas ocasiones, las variables ni siquiera deben cambiar radicalmente para que, en un corto tiempo, podamos observar diferentes máscaras en un mismo individuo. Por ejemplo, un grupo de amigos ha reservado una mesa para cinco en un bar. La cita es a las 8 de la noche y conforme va llegando la hora, también van llegando ellos; primero dos y empiezan a conversar. Al paso de unos minutos arriban dos más y, dependiendo de la historia entre ellos y el contexto, ese simple hecho bien ya podría haber cambiado por completo la actuación de alguno o de los dos que llegaron temprano.

Si bien estos cambios de personaje son parte de nuestra vida cotidiana, no todos están conscientes de los mismos y asumen que su personalidad es constante y está bien definida; la realidad es que estas interacciones sociales nos hablan de que nuestra identidad carece de una naturaleza intrínseca, pues estas forman parte de un constante proceso de cambio.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Facebook: En Busca De Antares

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