No te enganches, deja que pase el tiempo y decide qué hacer.

Businessman has stress and sreams into mobile phone

Quizá para muchos este blog sea una cosa media extraña; escribo de comportamiento humano, de inteligencia emocional, de liderazgo, de lenguaje corporal, de budismo—puede ser que hasta ahí todo vaya en orden—, pero también de POLÍTICA.

Entonces, quizá muchos se pregunten, pero ¿qué relación puede tener la cochina y traicionera política con la gestión emocional o el entrenamiento mental?

Pues precisamente en este post quiero compartir con ustedes una reflexión que ha girado en mi cabeza en los últimos días:

Sin duda alguna, las redes sociales son hoy en día un foro de debate, discusión y comunicación política. Publicamos en estas, ideas, opiniones, juicios, quejas y denuncias. Y entonces ¿qué pasa?, que alguien que no las comparte nos rebate, nos critica, y hasta nos ofende o nos insulta.

Al recibir una respuesta crítica u ofensiva a nuestras actualizaciones en Facebook, Twitter o red social de su preferencia, nuestro sistema emocional suele no reconocer que estamos atendiendo a un aparato y entonces la indignación, molestia, enojo, ira y hasta desprecio fluyen y se proyectan en nuestro amigo cibernauta (sí, aunque nunca lo hayamos visto en la vida):

pero, ¿qué le pasa?; no mames, este guey no sabe nada; pinche ignorante; me cae que este cabron es un bot; mmmta, seguro es de izquierda; mmmmta; seguro es de derecha; me caga que la gente no piense, sólo habla por hablar y algún otro pensamiento así puede venir a nuestra mente.

Siguiente acto: uno respira profundamente, pone sus manos en el teclado, endurece su expresión facial, tensa el cuerpo y se dice a sí mismo: ahora si va ver este cabron, lo voy a dejar bien calladito.

La reacción es hasta cierto punto normal (sobre todo si nos tomamos el insulto o la crítica como personal); nuestro ego se siente ofendido y aunque se trate de una máquina la que está en frente, nuestro sistema se llena de hormonas, principalmente de adrenalina, el ritmo cardiaco se eleva y la sangre fluye rápidamente a las manos, por lo que queremos responder inmediatamente para defendernos.  

Pero, ¿qué es lo que no estamos viendo?

Bueno, que nuestro impulso emocional nos está orillando a tomar muy malas decisiones.

¿Por qué?, van algunas razones:

  1. Porque cuando las personas debaten con ira, en realidad es su ego quien discute y el ego jamás quiere sentirse ofendido. Es por eso que la discusión difícilmente terminará—al menos hasta que alguien llegue al hartazgo y abandone la pelea—y esto nos hará perder tiempo valioso que podemos invertir en algo mucho más productivo.
  2. Porque cuando grandes cantidades de adrenalina se hacen presentes en nosotros, nos dejamos llevar por los instintos y no por la razón, por lo que muy probablemente uno termine por decir algo de lo que se arrepentirá o verdaderamente estúpido (y sí, todos nuestros contactos lo leyeron).
  3.  Porque las emociones provocadas por una discusión en vivo u on line son exactamente iguales y cuando por fin soltemos el teclado, nuestro humor estará en contradicho y nuestra mente agitada. Lo anterior puede afectar nuestra concentración y rendimiento en otras actividades del día (por cuanto tiempo depende de la capacidad de autorregulación de cada persona).
  4. Porque al no poder ver al individuo con el que estamos discutiendo, nos estás perdiendo del 93% de los elementos con los que los humanos comunicamos y muy probablemente, al no ver muchas señales no verbales de conciliación, asertividad, respeto o reserva, terminemos por exagerar en nuestra mente el tono, volumen y agresividad no con la que nuestra contraparte nos rebate argumentos. Y
  5. Porque no deja de ser un aparato el que está enfrente; ¿Te imaginas lo ridículo que sería si alguien nos estuvieron viendo en ese momento?

Es cierto que las emociones nos predisponen para la acción, pero estas también vienen y van, fluyen de un estado a otro, son cambiantes y son breves. Es por eso que creo que lo mejor que puede hacer uno ante una situación como la que se plantea, es practicar la paciencia  y evitar el impulso de responder en automático.

Suelta el celular o aléjate de la computadora; podemos irnos a dar una vuelta, al baño, a prepáranos un café, a comer algo, hacer ejercicio, leer, meditar, etc. Y cuando regreses a tus cuentas y vuelvas a leer aquel insulto o crítica, veras como tu interpretación del mismo ha cambiado radicalmente y seguramente optes por recibir constructivamente lo que te escribieron o mejor ni responder al agravio.

Finalmente, creo que lo mismo aplica para cuando recibimos un mail o un mensaje, de alguien del trabajo, de algún familiar, de algún amigo o tú pareja, que parece una orden, un juicio o que lleva una intención de molestar; no te enganches, deja que pase el tiempo, vuelve a leer, responde o simplemente, no lo hagas.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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