El comodino periodismo mexicano.

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Uno de los guiones que más disfruto de la televisión actual es el de la serie estadounidense “The Newsroom”. Esta producción gira alrededor de un noticiero conducido por Will McAvoy (Jeff Daniels) y en su primer temporada se enfocó principalmente en problema ético que aqueja a la gran mayoría de los medios de comunicación: ¿Información útil para la ciudadanía? o ¿chismes, morbo y escándalos para vender más?

#TheNewsroom: hechos vs negocio, una reflexión sobre la labor periodística.

En su segunda temporada “The Newsroom” no deja de invitarnos a la reflexión sobre la labor periodística y en esta ocasión quiero compartirles una situación que me recordó un texto publicado por Fernando Escalante Gonzalbo en la Revista Nexos.

Motivado por una crisis personal, Jim Harper (John Gallagher Jr.), productor senior del noticiero, decide dejar la sala de redacción para ir a cubrir la campaña de Mitt Romney. El personaje carece de experiencia como reportero electoral, por lo que inmediatamente encuentra varios obstáculos para hacer su trabajo: no lo dejan subir al camión de medios, la competencia le pone el pie y el personal de comunicación política del candidato desestima e ignora sus preguntas.

Sin embargo, el ser nuevo lo lleva a darse cuenta del enorme control mediático sobre la información que ejerce el equipo de Romney y peor aún, del enorme conformismo en el que han caído muchos de sus colegas; sus cuestionamientos carecen de profundidad y crítica a la campaña.

Inconforme con las notas que obtiene, Jim solicita todos los días media hora con el candidato, pero nunca se la dan.

Un día, después de varias jornadas de trabajo y ya desesperado, el personaje decide increpar directamente a la jefa de prensa del candidato republicano; enumera un importante número de incoherencias en las declaraciones de Romney y exige una entrevista con él; una vez más se le es negada, y ante su reto es amenazado con ser expulsado del autobús.

Es entonces cuando Jim, cansado de las migajas que les ofrecen y de la apatía de sus colegas, da un discurso sobre cómo se deberían cubrir las campañas electorales e invita a los demás reporteros a unirse, a darse cuenta que los candidatos los necesitan para llevar sus propuestas a los electores y a exigir que todas sus preguntas sean tomadas en cuenta:

We can get off this bus, rent cars and cover this campaign the way it deserves to be covered: like prosecutors cross-examining a witness.” 

En la siguiente escena podemos observar al camión retomando su camino y a su paso, descubrir a tres periodistas con todo y tiliches abandonados en medio de la nada.

En “Bartleby en la redacción”, Fernando Escalante Gonzalbo plantea que una de las razones por la cuales no existe un periódico mexicano con relevancia global es la falta de interés para tomar con seriedad la labor periodística:

(…) Si quisiera resumirlo en una frase, diría que el mayor problema de la prensa mexicana es que no está organizada para informar. Por eso informa mal, poco, de manera sesgada, confusa, superficial y tramposa. Porque eso no es lo suyo  —quiero decir que no se lo toma en serio, y no tiene recursos para tomárselo en serio. Se diría que preferiría no hacerlo. Desde luego, su público no pide otra cosa. Es un público pequeño, muy pequeño, y muy poco exigente: en un día bueno, los periódicos de mayor circulación pueden vender 100 mil ejemplares o poco más, su movimiento en internet es mortecino, de vuelo corto, y pueden publicar directamente mentiras, todos lo hacen con alguna frecuencia, sin que eso tenga ninguna consecuencia entre sus lectores. Ni que haya que publicar nunca un desmentido”.

En otras palabras, que así como muy pocos periodistas se bajaron del autobús de prensa de Mitt Romney por la comodidad que este ofrecía, en la actualidad—y muchos años después de aquel régimen represor[1]—muy pocos diarios mexicanos, también por confort, se han bajado del vehículo que la clase política ofrece:

(…) El verdadero cliente de la prensa no es el lector común y corriente, el que teóricamente la compra para informarse, sino la clase política, que a través de los periódicos amenaza, insinúa, ofrece, negocia. De hecho, en lo fundamental, la prensa mexicana es un circuito de comunicación de la clase política, un medio de agitación, propaganda y publicidad, organizado para hacer dinero con todo ello. Por eso no importa que una noticia sea verdadera, sino que transmita un mensaje. No importa que la redacción de las notas esté ridículamente sesgada desde el titular, porque nadie espera otra cosa. Tampoco le importa a nadie que las noticias, verdaderas o falsas, resulten escandalosas, porque el escándalo sólo prende verdaderamente y provoca algún movimiento cuando pasa a la televisión abierta —y ése es otro juego, con otras reglas.

El primer compromiso de un periódico debiera ser otorgar a sus lectores información útil y veraz para ejercer su ciudadanía y es por eso que este tema nos debería preocupar a todos nosotros. Y es que si como dice Escalante, los pocos mexicanos que leemos los periódicos tan sólo nos estamos chutando, en su mayoría, un refrito de boletines, comunicados y filtraciones sin análisis e investigación alguna, ¿cómo podemos generarnos un criterio sensato, claro, profundo y confiable sobre el acontecer nacional e internacional?

Está de moda decir que debemos exigir a nuestros políticos que cumplan con sus responsabilidades y compromisos de campaña, pero quizá es hora de también empezar a exigir enérgicamente a los medios de comunicación que cumplan éticamente con su labor periodística.

Por último, afortunadamente siempre habrá dos o tres personas que se bajen del camión para cubrir las noticias como se debe de hacer y nuestra obligación como ciudadanos es ubicar dónde los botaron.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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[1]  Lo explicaba Cosío por una combinación del autoritarismo del régimen y la actitud pusilánime, pragmática y pancista de los editores, que no querían problemas. Los periódicos eran un buen negocio, y esa grisura pareja, vacía, garantizaba que lo siguieran siendo, sin sobresaltos para nadie…40 o 50 años después podrían decirse cosas muy parecidas.

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2 thoughts on “El comodino periodismo mexicano.

  1. Muy buena critica acerca de la desilusión de la información que desafortunadamente adolecen todos los medios, incluyendo internet y las redes sociales, ¿Que periodista crees que que se “baje del camión? Saludos y felicidades

    1. Fsacari:

      Muchas gracias por el comentario y por tu tiempo; también una disculpa por responder hoy.

      Pues en términos generales creo que los periódicos en México suelen ir de los sublime a lo ridículo e inapropiado con gran facilidad. A veces encuentro artículos, reportajes o investigaciones valiosas, pero en esa misma página o en alguna otra encontramos morbo, chisme, criticas tibias o textos completamente sesgados o que no retoman toda la información por su compromisos con gobierno u otras instituciones; si les pegan, entonces ellos no publican su publicidad, boletines, licitaciones, etc. en ese medio.

      Para no hacer la respuesta más larga, yo tengo como periódicos de cabecera el Universal, el Excelcior y Reporte Índigo, pero a ninguno le doy toda mi confianza por supuesto.

      Finalmente, me gusta mucho un fenómeno que se esta dando con revistas como Nexos o Letras Libres, que más allá de sus publicaciones mensuales, aprovechan muy bien su página web y/o blogs para sacar material muy interesante (como el que me inspiro en este post) y que a veces también es periodismo (no sólo de opinión).

      ¿No sé qué opinas al respecto?

      Un saludo,

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