Rostros de Guerra: vivos sí, pero ¿felices?

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Imaginemos por un momento que somos parte de un ejército y que nuestros superiores nos han hecho saber que en los próximos días partiremos a la guerra.

Al escuchar la noticia, seguramente nuestro sistema se estresará inmediatamente y probablemente dibujemos una expresión de miedo que no durará más allá de algunos segundos; no hemos identificado, en ese momento, ninguna amenaza que ponga en riesgo nuestra vida.

Sin embargo, al recibir este tipo de información lo más lógico es que nuestra mente empiece a jugar con nosotros y entonces imaginemos varios escenarios posibles de lo que será nuestra experiencia en la guerra; quizá el más recurrente sea perder la vida en combate, o en alguna explosión, y por ende, no volver a ver a nuestros seres queridos.

Sin bien es cierto que ninguna de las escenas que hemos creado en nuestra mente es real, esto no le importará a nuestras emociones que se activarán y muy probablemente aparezca la angustia; una emoción cercana a la tristeza y relacionada con la pérdida de la esperanza, pero que está ligada con el futuro y no con el pasado.

Entonces, nuestra energía y entusiasmo disminuirán inmediatamente y esto se reflejará en nuestro rostro (aún y cuando intentemos disimularlo); los parpados superiores caerán, las cejas irán ligeramente hacia arriba en sus límites interiores, la mirada perderá su brillo y las comisuras de la boca apuntarán hacia abajo.

El tiempo pasa y evidentemente ya en la guerra “no podemos permitirnos” mantenernos con la energía baja (las emociones son parte de un complejo mecanismo de supervivencia), por lo que el sistema límbico nos preparará para defender nuestra vida. El miedo, la ira y la repugnancia nos dispondrán para identificar cualquier amenaza y para remover o eliminar cualquier “obstáculo” que ponga en riesgo nuestra existencia; la adrenalina estará al orden del día, el ritmo cardiaco constantemente se elevará, aparecerá la agitación mental, y por ende, difícilmente conciliaremos el sueño.

Una vez más, el rostro será un reflejo directo de nuestro estado emocional; la cara perderá el color y las emociones mencionadas en las líneas anteriores activarán el músculo superciliar y el piramidal de la nariz (frunciremos el ceño).

Lamentablemente, los pocos momentos de “paz” que encontremos (cuando nuestro sistema se pueda relajar un poco) difícilmente serán agradables y la nostalgia, la tristeza y/o la angustia podrían también aparecer (extrañamos a nuestros seres queridos, tememos no volver a verlos, perdimos a algún amigo o nos asusta perder la vida en los días por venir).

De nuevo, el tiempo pasa y para nadie es un secreto que la guerra es una de las experiencias más atroces que puede vivir un ser humano. Es por esta razón que aunque regresamos a casa, nuestro consciente e inconsciente difícilmente serán capaces de dejar ir los terribles recuerdos y esto muy probablemente derive en desequilibrios mentales que terminarán por deprimirnos; aunque la guerra ha finalizado y estamos con vida, para nuestra mente la experiencia simplemente no ha concluido.

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Hace algunos días, una compañera de trabajo me compartió un link (Antes, durante y después de la guerra: Impactantes fotos muestran cambios en rostros de soldados) que inspiró este post y que retoma el trabajo de Lalage Snow, un fotógrafo, cineasta y periodista británico.

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Sin duda, los rostros del proyecto “We are not Dead” (No estamos muertos)[1] hablan por sí mismos, por lo que el objetivo de este texto, más allá de señalar los evidentes cambios emocionales que se reflejan en el antes, durante y después de la guerra, es ilustrar las funciones, los cambios fisiológicos y las características faciales que se presentan con cada una de las emociones señaladas a lo largo del post.

Finalmente, es importante mencionar que cada uno de nosotros experimentamos las emociones de forma distinta (el “cómo” depende de muchos factores como temperamento, carácter, cultura, experiencias, etc.), por lo que narración ejemplifica sólo en términos generales como cualquiera de nosotros podríamos llegar a percibir, y entonces vivir (las emociones nacen de cómo interpretamos la realidad) una experiencia así, desde nuestra emocionalidad.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras


[1]Lalage Snow…exhibe los rostros de un grupo de soldados británicos que cumplieron funciones en Afganistán. Se trata de trípticos que muestran a cada uno de los militares al momento de ser enviados a la guerra (antes), cuando llevaban 7 meses (durante) y finalmente cuando concluyó la misión un mes más tarde (después).Las imágenes son simplemente impactantes, pues no sólo se evidencian cambios físicos en apenas 8 meses, también se percibe una carga emocional distinta”.

 

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