Tristeza sí Venezuela, pero ¿”agonía”?

Las emociones son energía en movimiento y a raíz de la muerte del presidente Hugo Chávez, esa energía ha motivado a un importante número de venezolanos a salir a las calles, a pasar varias horas al rayo del sol e incluso a viajar cientos de kilómetros para llorar y darle el último adiós a “su comandante”.

La emoción más evidente en sus rostros, es la tristeza. Una emoción que produce una caída en la energía y el entusiasmo pero que ayuda a asimilar una pérdida, como puede ser la muerte de un ser amado.

Como en cualquier otra, existen diferentes grados de intensidad para  experimentar una emoción. Por ejemplo, el Dr. Paul Ekman, marca una clara diferencia entre la tristeza (sadness) y la “agonía” (agony). Para  fines de este post, utilizaremos el término agonía como un intenso sufrimiento emocional.

Lo que es de llamar la atención en el caso de los miles de venezolanos que han inundado las calles de Caracas, es precisamente la intensidad con la que están viviendo la muerte de Chávez. Y es que si observamos las imágenes que nos han llegado a través de los medios de comunicación, rápidamente nos percataremos de que esto no se trata de “una simple tristeza”, sino de algo mucho más agudo.

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En cambio, la agonía es una especie de protesta que intenta afrontar activamente el origen de una pérdida. Precisamente esta emoción suele ir acompañada de otras como la ira, el odio y/o el miedo; expresiones que también se pueden percibir (sobre todo el enojo) en los rostros de los simpatizantes del “caudillo bolivariano”.  

Lo anterior creo que nos deja algunas lecciones interesantes:

1. Que más allá de su autoritarismo y adicción por el poder, algo tuvo que hacer bien Hugo Chávez para ganarse el cariño de su pueblo (no de todo, por supuesto) y que seguramente tiene que ver con, sólo por dar un ejemplo y en palabras de Eduardo Galeano, alfabetizar “a 2 millones de venezolanos que no sabían leer ni escribir, aunque vivían en un país que tiene la riqueza natural más importante del mundo, que es el petróleo”.

2. Que los seres humanos somos capaces de generar vínculos sentimentales en relación a una imagen y lo que percibimos de esta. No podemos olvidar que muchos de los que hoy lloran (quizá la gran mayoría) nunca tuvieron la oportunidad de conocer o ver en persona al difunto mandatario.

3. Que Chávez era un maestro de la seducción, la persuasión y la actuación. El mandatario venezolano fue un extraordinario orador agresivo  y al que le gustaba llamar la atención con amplios ilustradores y emblemas de poder. Su capacidad dramática era envidiable y así lograba impactar las entrañas de quienes lo escuchaban y crear un fuerte lazo sentimental.

Pero quizá la pregunta clave es ¿si la intensidad emocional mostrada por sus seguidores es la más adecuada y prudente para sobrellevar la muerte de este líder político?

Desde mi punto de vista, no lo es. Y es que la “agonía” habla de un claro apego hacia alguien que no siempre estaría ahí para “velar por ellos”. En otras palabras, que por más virtudes que pudiera tener, Hugo Chávez no era ningún mesías que pudiera garantizar por si sólo el bienestar y la felicidad del pueblo venezolano.  Si bien se vale llorar su muerte, mucho cuidado con rasgarse las vestiduras ante un hecho natural de la vida.  

Cuando los seres humanos experimentamos una fuerte experiencia emocional, solemos ser meramente intuitivos y nos olvidamos de la cognición. Si bien (y contrario a lo que aún muchos creen) las emociones sí son útiles para la toma de decisiones, es en el equilibrio entre la razón y la emoción en donde radica la prudencia.

Y digo lo anterior porque bien alguien podría buscar sacar provecho del estado emocional de los venezolanos para sus propios intereses y ambiciones políticas. Por lo que habrá que prestar mucha atención a cómo se maneja la imagen de Hugo Chávez por parte de quienes ahora desean el poder.

Cuando estamos tristes, nuestra energía disminuye dándonos una pausa para reflexionar sobre lo que sigue en nuestras vidas, por lo que ojalá que este pueblo sudamericano pueda sacar provecho de la función evolutiva de esta emoción; que llore la pérdida de su líder, sí, pero que también puedan dar vuelta a la página y entonces pensar en cuál debe ser el siguiente paso para su nación. Y es que no podemos olvidar que pronto habrá elecciones para elegir al nuevo presidente.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Fuentes Consultadas:

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