Aplausos inconscientes.

“Ser inconsciente es estar adormecido, actuar mecánicamente. Vivir en forma inconsciente significa dejarse llevar por el instinto y los patrones de conducta habituales”. Fredy Kofman

aplauso

¿Por qué aplaudimos? Según el diccionario de la Real Academia Española, aplaudir es una señal de aprobación o entusiasmo. Sin embargo, a lo largo de mi vida he visto y he escuchado ovaciones que nada tienen que ver con celebrar o reconocer las acciones de alguien (al menos no conscientemente). Recuerdo conmemoraciones de algún hecho trascendental en la historia de nuestro país, foros, debates, inauguraciones y todos esos eventos en donde se suele invitar algún notable político o funcionario público.

Llegan acompañados de sus comitivas, en medio de un operativo de seguridad, disfrutan de generar expectación, entran saludando, se toman tiempo para abrazarse con algún viejo conocido, ocupan el lugar de honor en el presídium, se les presenta, se levantan sacando el pecho, abotonan el saco y entonces llegan los aplausos.

Lo curioso, es que para nadie es un secreto que la clase política en este país sufre de una evidente crisis de imagen, credibilidad y confianza. De hecho, un estudio de Consulta Mitofsky publicado en el paso mes octubre, reveló que la Presidencia de la República (en aquel entonces en manos de Felipe Calderón), los sindicatos, senadores, partidos políticos y diputados tienen un “saldo negativo” en cuanto a confianza se refiere.  

Y entonces, ¿por qué les aplaudimos en los eventos públicos? Quizá por educación, quizá por protocolo, pero quizá también por inconsciencia; por no reflexionar lo que significa y representa un aplauso. En otras palabras, que mecánicamente caemos en una convención social que no ilustra la reprobación, descontento, desilusión y desconfianza que sentimos hacia nuestros representantes y/o funcionarios públicos.

En los espectáculos, mientras más sobresaliente es el desempeño de los actuantes mayor es la ovación, yo me pregunto si en la política no deberíamos aplicar un regla similar: reconocer con nuestro aplauso únicamente a esos pocos políticos que sí ven y trabajan por nuestros intereses, mientras que con los que deshonran su profesión y sólo velan por sus  beneficios y los de su partido, aprendamos a guardar silencio.

Los ciudadanos debemos ser mucho más críticos y exigentes con nuestros representantes y si no existen razones por aplaudir también se vale reprobar no verbalmente su desempeño. Claro que lo anterior dista mucho de lo que realmente es la ciudadanía, pero quizá preguntarnos ¿a quién? y ¿por qué? reconocemos a alguien en evento público nos incite a involucrarnos más en la vida política nacional.

Para Fredy Kofman, “ser consciente significa que estamos despiertos, atentos. Vivir conscientemente significa que estamos abiertos para percibir el mundo que nos rodea…para comprender nuestras circunstancias y decidir cómo actuar frente a ellas de una manera que honre nuestras necesidades, valores y objetivos”, así que no nos dejemos llevar por convención o presión social y aplaudamos conscientemente. 

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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