De Darwin a la Fiesta Brava.

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Iba al kínder con capote y en algún momento soñé con ser un gran torero. La fiesta estaba en mi sangre, mi padre había sido novillero y yo constantemente asistía a tientas y herraderos, a ganaderías y a plazas de toros.

Poco a poco mi interés fue girando hacia otras actividades, primero el fútbol y después el tenis. Eso sí, algunos años atrás aún seguía coqueteando—asistiendo a las corridas eventualmente y por temporadas—con la idea de volverme apasionar por la fiesta brava hasta que finalmente llegue a una postura irreconciliable.

Antes de continuar quiero ser muy puntual; respeto todo lo que envuelve a la tauromaquia, costumbre y tradición llena de simbolismo y representativa de algunas culturas; respeto a las miles de personas que honrada y gustosamente trabajan en este medio; respeto a quienes se visten de luces, ciertamente veo belleza en el citar, templar y mandar, y por supuesto que se necesita de mucho valor (del que yo carezco) para plantarse frente a un toro.

Sin embargo, los que alguna vez me han leído seguramente conocen de mi interés por el estudio de las emociones. Motivado por este, ahora cada vez que presencio una faena, no puedo no pensar que la criatura que está en el ruedo sufre, siente miedo y que eso se prolongará hasta el momento de su muerte.

Desde mi perspectiva, esa energía en movimiento que hace que la sangre viaje a los músculos esqueléticos grandes preparando nuestra huída es extremadamente similar entre el ser humano y cualquier otra especie. Quizá la única diferencia radica en grado de inteligencia para comprender las causas que provocan la emoción, pero entonces ¿Cómo no sentir empatía o compasión?

Charles Darwin escribió:

“A medida que el hombre avanza en la civilización, y las tribus pequeñas se unen en comunidades más grandes, la razón más sencilla sería decir a cada individuo que debe extender sus instintos sociales y simpatías a todos los miembros de una misma nación, aunque no conozco personalmente a él. Este punto se alcanzó una vez, sólo hay una barrera artificial para impedir que sus simpatías se extiende a los hombres de todas las naciones y razas. Si, en efecto, esos hombres están separados de él por grandes diferencias en la apariencia o los hábitos, la experiencia, lamentablemente nos muestra cuánto tiempo es, antes que verlos como nuestros semejantes. La simpatía más allá de los confines del hombre, es decir, a la humanidad a los animales inferiores, parece ser una de las últimas adquisiciones morales.  Esta virtud, una de las más nobles con las que el hombre está dotado, parece que surge a propósito de nuestras simpatías cada vez más tierna y más ampliamente difundido, hasta que se extienden a todos los seres sintientes. Tan pronto como esta virtud es honrada y practicada por algunos pocos hombres, se propaga a través de instrucciones y un ejemplo para los jóvenes, y, finalmente, se incorpora en la opinión pública”. 

Para el Dr. Paul Ekman (psicólogo experto en el campo de las emociones y su relación con las expresiones faciales) este es un claro mensaje que nos dejó el célebre naturista ingles y que mucha gente no quiere escuchar: “La resistencia a reconocer que los animales tienen emociones y sentimientos se asemeja al deseo de no querer saber acerca de otros seres humanos, que en otras partes del mundo, están sufriendo”. Cabe mencionar que para Darwin, preocuparse por la vida de cualquier ser sintiente representaba alcanzar el nivel más alto de desarrollo moral.

Evidentemente este mensaje no es exclusivo para la fiesta brava, se extiende a otras actividades que derivan en el sufrimiento de cualquier ser y se hace más crítico con los que practican el maltrato indiscriminado de los mismos. Y es que dentro de lo que cabe, los toreros honran la muerte del toro, lo que dista mucho de quienes golpean y matan animales (muchas veces fuera de una costumbre o tradición) por el simple hecho de poder hacerlo. En otras palabras y en términos del karma (dentro de la tradición budista), no es lo mismo quitarle la vida a un animal procurando evitar su sufrimiento para alimentarse, que matar a una res brava dentro de un espectáculo; así como no es lo mismo ejecutar la suerte suprema, que torturar a cualquier especie hasta su muerte.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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