De candidato a presidente: los cambios en la imagen política de Enrique Peña Nieto.

En la obra “Imagología” se dice que “en política, la imagen es recurso, un instrumento, una herramienta, un proceso y un método para acceder al poder, para competir por él, para ejercerlo y conservarlo”.

Lo anterior nos debe dejar en claro, que cualquier político que aspire a un importante puesto de representación, necesariamente tiene que considerar y cuidar su imagen verbal, su imagen no verbal y su imagen física.

Como lo mencionamos en varias ocasiones y a lo largo del pasado proceso electoral, si había un candidato que ejercía  este recurso  de manera estratégica y oportuna, era Enrique Peña Nieto (también habría que considerar a Gabriel Quadri).

Sin duda alguna, parte del éxito viene de los años de trabajo en su imagen política. Y es que si uno revisa sus discursos, informes, conferencias y apariciones públicas como Gobernador del Estado de México, reconocerá inmediatamente algunos aspectos de su comunicación verbal y no verbal que hoy lo caracterizan.

El copete, la sonrisa, los trajes obscuros, la corbata roja y un lenguaje corporal estratégico en donde sobresalen: sus posturas abiertas, el énfasis en palabras clave que acompaña con ilustradores de especificad y poder, el predomino de ademanes con la mano derecha (lo que nos habla de un discurso racional), y la postura erguida.

Si bien Peña Nieto está lejos de ser “el gran orador político”, sí ha tenido una Interesante evolución y cuenta con los recursos y herramientas necesarias para comunicar.

Pero, ¿qué sigue en términos de imagen para el próximo mandatario mexicano?

Antes y durante la campaña, Enrique Peña Nieto fue el candidato con más cobertura mediática. Más que un político, este personaje se manejaba y era tratado como “estrella de rock” (no por nada se llevó el apodo de “El Gobbernaestar”).

Pero evidentemente, es distinto ser candidato a ser presidente, y si el priísta pretende que la opinión pública nacional e internacional lo tome en serio como líder, deberá hacer un ajuste en su imagen política.

El hombre que se rendía ante las cámaras, joven, bien parecido, con la esposa famosa y un matrimonio de “ensueño” debe quedar atrás y dar paso a un presidente que estimule (mediante sus discursos, acciones y comportamiento) prudencia, seriedad, pero sobre todo, que proyecte la imagen de político conciliador  (algo que ya ha empezado a hacer reuniéndose con líderes y gobernadores de otras bancadas) y competente (cuidado con los tropezones como el de la FIL en estos años por venir y que en el sexenio de Vicente Fox estuvieron al orden del día).

Cabe señalar que su siguiente gran prueba será en La Casa Blanca y frente a uno de los políticos más reconocidos en lo que a imagen y comunicación no verbal se refiere. Habrá que ver si Peña Nieto puede lucir presidenciable a un lado de Barack Obama. 

“Percepción es realidad” y como dice Victor Gordoa “una foto inoportuna, una pose, un gesto o un franco descuido puede ser la diferencia entre…la simpatía y el odio generalizado”.

Y es que importante recordar que ser un buen candidato está lejos de ser un buen gobernante, que en la actualidad la clase política sufre una severa crisis de credibilidad y que más del 50% del electorado no voto por será nuestro próximo presidente. Por lo que su imagen ante la opinión pública está en “tela de juicio” y será evaluada día a día.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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