Y después del primero de julio ¿Qué?

A muy pocos días de la elección presidencial en México, percibo una “montaña rusa emocional” que va desde la esperanza (muchas veces injustificada) hasta el odio, el miedo, el desprecio, el abatimiento y la repugnancia en relación a algún candidato o partido.

Muchos tienen a su gallo, lo defienden a capa y espada y está bien. Otros no tenemos un preferido (un reflejo del desencanto hacia la clase política), votaremos por el menos peor, por dar un “beneficio de la duda”, o porque no queremos ver a X o Y sentados en la Silla Presidencial y también está bien.

En estos días (y seguramente se intensificará en los próximos) todo gira alrededor de las elecciones y constantemente omitimos aquel célebre consejo que nos advierte nunca discutir de política, de religión o de futbol; siempre nos gana la emoción.

Por un lado es alentador que estos comicios hayan levantado tanta expectación, pero por el otro, es preocupante el grado de intolerancia que existe en torno a los mismos. Muchos privilegian los insultos sobre la razón, las agresiones sobre el debate, y las descalificaciones sobre la argumentación y la persuasión; con palabras que instan al odio y la división, atacan las ideas que se oponen a las propias.

Es entonces cuando me pregunto ¿si realmente vale la pena?, ¿vale la pena poner en contradicho nuestra estabilidad emocional por las elecciones?, ¿vale la pena afligirnos por el resultado?, ¿vale la pena desgarrarnos por no ver a tal o cual sentados en la Silla Presidencial?

Desde mi particular punto de vista no, pero muchas personas, incluso ajenas a la política (ciudadanos comunes, como tú o como yo) parece que “se juegan la vida” el próximo domingo.

Con los anteriores cuestionamientos no pretendo restarle importancia al proceso electoral, el ser humano es político por naturaleza y mucho nos ha costado llegar a esta incipiente democracia. Por lo tanto, claro que es importante involucrarse, informarse e ir votar, pero ¿qué no estamos viendo?

Hoy día, muchos se aferran a su candidato como si representara la única solución a nuestros problemas, como si fuera substancialmente diferente a los otros, como si su preferido fuera luz y los otros, oscuridad. Pero en verdad ¿todo es tan absoluto?

Los candidatos representan meras posibilidades y no garantizan—ninguno—“realidades”. El ejemplo más reciente lo tenemos en el Ex Presidente Vicente Fox. Los que depositaron toda su confianza en él (hasta la fe ciega), sin duda se llevaron una gran decepción.

Y entonces, ¿vale la pena defender y apegarse tan férreamente a un candidato como si representará una fuente inherente de salvación y de bienestar?

Si piensas que sólo uno de estos candidatos tiene todas las respuestas, si piensas que sólo uno nos puede proteger de todos nuestros males, entonces ¿cómo te vas a sentir y a reaccionar cuando tu gallo no gane?

O peor aún, si gana, ¿cómo te vas a sentir cuando descubras que tu candidato no representaba todo eso que tanto pregonabas y que tanta esperanza te dio? Algo que es común cada seis años.

Es por lo anterior que los ciudadanos (gane quien gane) no podemos apostar todas nuestras fichas a un solo individuo y no podemos permitir que estás elecciones nos dividan. De lo contrario, los únicos perdedores seremos nosotros mismos. Quien llegue a la presidencia no hará algo muy diferente a sus antecesores (algunas cosas bien, muchas otras mal) al menos que nosotros lo propiciemos, que nosotros lo exijamos, que nosotros lo reclamemos. 

Los mexicanos debemos dejar de pretender que el cambio (ese que nos vendió en PAN y ahora lo hace el PRI y las izquierdas) está en un partido o en un candidato, “el cambio verdadero” está en uno mismo.

En un mundo interrelacionado e interdependiente “…lo que hacemos y lo que pensamos en nuestra vida…adquiere una importancia extraordinaria, puesto que afecta todo aquello con lo q nos relacionados” (Dalai Lama). Por lo tanto, si nosotros nos preocupamos por mejorar nuestro entorno (casa, colonia, escuela, trabajo, municipio, etc.) las cosas sí van a cambiar.

Andrés Manuel, Enrique, Josefina o Gabriel representan solo posibilidades. Ninguno es tan bueno como nos lo venden es sus spots, ni tan malo como lo denuncias sus opositores. Dejemos de pensar en absolutos, eso nos ciega, eso nos divide.

La única “certeza” que tenemos es que el próximo primero julio elegiremos a nuestro próximo presidente. Gane quien gane, los mexicanos debemos cambiar nuestra forma de actuar para con el nuevo mandatario y transformarnos en ciudadanos de primera. De lo contrario, muy poco cambiará.

 “En la novela de Tolkien, El señor de los anillos, el hobbit Frodo es un héroe renuente; Frodo no quiere asumir la tarea que le ha sido encomendada; Frodo preferiría quedarse en el Shire y vivir en paz allí. En México muchos Frodos piensan así, actuan así, quieren desentenderse así. Prefieren criticar a quienes gobiernan en vez de involucrarse para hacerlo mejor; eligen la pasividad complaciente en lugar de la participación comprometida. Pero Frodo no tiene otra opción y el ciudadano mexicano tampoco. Frodo tiene la tarea de salvar a su mundo y el ciudadano mexicano tiene la tarea de salvar a su país. Un hobbit insignificante destruye el anillo y un ciudadano mexicano puede hacerlo también. Como dice el mago Gandalf: “Todo lo que tenemos que decidir es qué hacer con el tiempo que nos ha sido dado.” Dresser, D

Insisto, en un mundo interrelacionado e interdependiente todo lo que hacemos tiene muchas más repercusiones de las que pensamos; si tú cambias, México cambia.

Y después del primero de julio, Tú ¿Qué vas a hacer?

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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2 thoughts on “Y después del primero de julio ¿Qué?

  1. tienes mucha razon con tu tema, pero hay gobiernos en los que no se puede vivir en paz, como le explicas esto a un pequeño empresario con una tortilleria en coahuila que en el 1er mes de operacion es extorsionado por el narco? donde una denuncia lo unico que logra es que te maten por soplon? donde un ex-gobiernador se lleva 32000 mdp y nadie le puede hacer nada y de paso ahi nos deja a su hermano…no deposito mis esperanzas ciegas en el candidato de mi eleccion, deposito mi fe ciega en que no gobierne el que ya goberno a mexico y lo dejo para el lastre. ojala que tengamos un poco de memoria y dignidad ciudadana para no dejar que esos priistas regresen al poder.

    1. Estimado James:

      Muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo y creo que todos observamos en todo México y en el Mundo ejemplos como el que tu nos compartes.

      Quizá la mejor forma que tenga para responderte es a través del siguiente post que te comparto, que quizá no tienen nada que ver con las elecciones, pero quizá sí…

      Sonreír hasta en los momentos más difíciles…http://enbuscadeantares.com/2012/07/02/sonreir-hasta-en-los-momentos-mas-dificiles/

      Y es que tal parece que aún “en medio del caos es posible mantener la calma” Marco Antonio Karam.

      Eso sí, siempre y cuando se cumplan las necesidades más básicas de un ser humano: alimentarse, hidratarse, tener un techo, poder descansar…sin esas condiciones, es imposible encontrar paz interior y felicidad.

      Un afectuoso saludo,

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