El teatro de la política (Elecciones 2012).

Probablemente no sea un mero accidente histórico que el significado original de la palabra persona sea máscara. Es más bien un reconocimiento del hecho de que, más o menos conscientemente, siempre y por doquier, cada uno de nosotros desempeña un rol…Es en estos roles, donde nos conocemos mutuamente; es en estos roles donde conocemos a nosotros mismos” .

El sociólogo Erving Goffman nos dice que ante la sociedad, los individuos utilizamos “máscaras” por tres razones principalmente:

1. Controlar la impresión que los otros obtienen de mí.

2. Alcanzar un objetivo u obtener un beneficio.

3. Protegernos.

Hablando de política y específicamente de las campañas, sin duda alguna debemos considerar las dos primeras razones; “controlar la impresión que los electores tienen sobre mí” y “ganar la elección”.

Por otro lado, Goffman asegura que los seres humanos estamos en una constante actuación y por eso utiliza una metáfora teatral considerando a las personas como actores. Los individuos somos actores que ante diferentes situaciones, escenarios u otras personas, desempeñamos un papel o rol que presentamos en un escenario y ante una audiencia. Los políticos en campaña no son la excepción y representan a la perfección la metáfora del sociólogo canadiense.

“Esta habilidad para jugar con las mascaras nos habla de un completo control sobre las actuaciones de un individuo—un control que no es tan fácil obtener— y tiene que ver con la intención del actuante para siempre satisfacer a sus objetivos (ejemplo: un engaño en una negociación) o con la intención de actuar en pos de ellos (ejemplo: La actuación del profesor en el salón de clases)” Goffman.

“La política adquirió así algo de aspecto teatral”. Gordoa, V.

En los próximos meses los presidenciables buscarán con sus “actuaciones” persuadir al electorado con la única y firme intensión de sentarse en “La Silla Presidencial”. Recordemos que los seres humanos somos estimulables y que estos estímulos (verbales y no verbales) influyen directamente en la percepción que nos generamos de cualquier persona.

“El mensaje que se trasmite por el aspecto personal no se refiere sólo a la persona en sí sino también a lo que esté diciendo. Un acalorado discurso político pronunciado por un hombre de mirada apagada, de rostro de rasgos caídos y de posición corporal descuidada, no resulta atractivo. El orador nos indica con su aspecto que no tenemos necesidad de prestarle atención…” (Davis, F. 57).

Claro que en la política (y más hablando de candidatos presidenciables) los estímulos se cuidan minuciosamente, pero siempre hay buenos y malos actores. Un mal actor, uno que no sabe desempeñar su rol (el primero que me viene a la mente es Ernesto Cordero) y vender esta actuación a la audiencia, no tiene oportunidad alguna de ganar las elecciones.

žUn “actor” siempre está construyendo e intentando mantener su actuación, mientras que una audiencia siempre está evaluando esa actuación (la compramos o no). La metáfora teatral de Goffman considera muchos elementos, revisemos algunos:
  • žPersonaje principal. Los presidenciales.
  • Actores de reparto. Quizá no se sentarán en “La silla Presidencial” pero juegan un papel trascendental en la carrera, vida y posibilidades del candidato. Algunos ejemplos: La Gaviota (acostumbrada a ser protagonista por cierto), Elba Esther Gordillo, Marcelo Ebrard, Humberto Moreira, Carlos Salinas de Gortari, Felipe Calderón, “El niño verde” y algunos intelectuales como Carlos Fuentes, quien recientemente dio a conocer sus opiniones sobre la contienda electoral.
  • žEscenario. Cualquier lugar en donde los presidenciales monten su espectáculo: un meeting político, un auditorio, una plaza, un zócalo, etc.
  • Antagonista. Cada candidato es protagonista y antagonista a la vez. Quizá la rivalidad más emblemática en la actualidad es la de Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Peña asegurará que AMLO es un peligro para México y AMLO dirá que Peña está corrompido por “La Mafia del Poder”.
  • Productores. Los que financian la campaña. Son esos empresarios y hombres de poder que tienen grandes intereses y entonces invierten diferentes recursos para apoyar a cierto candidato. Un secreto a voces es que Peña Nieto es el candidato de las televisoras.
  • Directores. Los consultores y asesores políticos que literalmente dictan al candidato como debe desempeñar su rol en diferentes escenas y ante diferentes audiencias.
  • žGuionista. Los responsables de elaborar los discursos.
  • žVestuario. La imagen física de los presidenciales y que por supuesto tienen un por qué. AMLO y Vázquez Mota son dos buenos ejemplos (dar clic en sus nombres para consultarlos). Los elementos que forman parte de la fachada personal, como la vestimenta, representan y envían mensajes mucho más sutiles de los que solemos pensar.
  • Extras. Los que probablemente ganaran muy poco en la elección pero están presentes; voluntarios y acarreados son dos ejemplos.
ž“Observando las interacciones como representaciones teatrales, Goffman nos hace prestar atención al «medio» en el que se mueven los actuantes, a la «máscara» que llevan puesta, al «rol» que desempeñan; con estos elementos, los actuantes tratan de controlar las impresiones de su público“.
¿Qué actuación vas a comprar tú?

Twitter: jmguevaras

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Lo que otros ven en nuestra persona.

La máscara que todos llevamos. Basado en la obra de Erving Goffman.

¿Cuál es tu fachada personal?

¿Cuál es tu juego? Honesto o cínico.

Esa persona no era lo que parecía. Un principio del engaño.

El poder de una máscara.

El engaño de la imagen política (Y tú ¿Con qué te quedas de los políticos? I)

El engaño de la imagen política (Y tú ¿Con qué te quedas de los políticos? II)

 Fuentes Consultadas:

David Livingstone; ¿Por qué mentimos? Las raíces del engaño y el inconsciente” 2011,  New England Univerity.

Davis, Flora; La comunicación no verbal. Ed Alianza.

Goffman, Erving. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu editores. 2001

Gorda, Víctor. “Imagología”. Ed. Grijalbo, México 2003.

Green, Robert. Las 48 leyes del poder. Ed. Atlántida 1998. México DF

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