Engañamos a los demás y nos engañamos a nosotros mismos. (“Por qué mentimos”).

“Mentir no es un acto excepcional; es normal, y más a menudo espontáneo e inconsciente que cínico y fríamente analítico. Nuestras mentes y organismos secretan engaño” (Livingstone 33).

David Livingstone Smith afirma en su obra “¿Por qué mentimos?” que en promedio, las personas decimos tres mentiras cada diez minutos en una conversación.

Lo anterior no debe ser visto como algo bueno o algo malo, sino como algo normal en nuestra especie. Claro que hay diferentes motivaciones para mentir, la más común y en lo absoluto negativa, es convivir socialmente. (Los diferentes grados de la mentira: ¿Mentir es malo? )

“Si bien es cierto que a menudo les decimos a los niños que no mientan, en realidad les mostramos cómo mentir de una manera socialmente aceptable…La mentira social apropiada no sólo se tolera, es obligada. Los niños que no desarrollan esta habilidad pagan el alto precio de la desaprobación, el castigo y el ostracismo social” (Livingstone 37).

En la mercadotecnia, los negocios, la política podemos observar la deshonestidad…”Ni siquiera el médico de la familia se libra: 87% de los encuestados respondió que es aceptable engañar a los pacientes en ciertas circunstancias (incluyendo mentir a la esposa de un paciente que ha contraído una enfermedad sexualmente trasmitida en un romance extramarital)” (Livingstone 38).

Por otro lado, existe otra forma de engaño, el autoengaño. “No sólo se nos facilita engañar a los demás, sino que también nos gusta engañarnos a nosotros mismos”. El autoengaño se define como: “cualquier proceso mental o comportamiento cuya función es ocultar información de la propia mente consciente” (Livingstone 40). En otro post abundaremos sobre el tema del autoengaño.

Es difícil “defender” la mentira, culturalmente estamos “programados” para pensar que es algo malo. Sin embargo, creo que es importante comprender que más que correcto o incorrecto, mentir es humano. Mentir es de gran utilidad, nos permite hacer y conservar amigos, conseguir y mantener un trabajo, nos permite sobrevivir, conseguir y obtener más poder.

Es importante considerar que nuestras mentiras nacen de las emociones (las básicas: miedo, ira, desprecio, asco, sorpresa, felicidad y tristeza) las emociones determinan nuestras acciones y por eso la relación entre esta energía en movimiento y el engaño es estrecha.

Es por lo anterior que leer el estado emocional de las personas a través del lenguaje corporal nos ofrece una “ventaja” para detectar engaños:

“Las palabras por sí mismas exigen poco del hablante. No requieren de compromiso, y sólo demandan un mínimo gasto de energía. Es muy fácil hacer promesas sin la menor intención de cumplirlas…Dado que el lenguaje se presta para deshonestidad, tiene sentido privilegiar los signos no verbales sobre las palabras solas cuando se trata de reconocer el engaño” (Livingstone 94).

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Fuentes consultadas:

David Livingstone; ¿Por qué mentimos? Las raíces del engaño y el inconsciente” 2011,  New England Univerity.

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