“Buena suerte, mala suerte, no lo sé”.

Considero este blog un reflejo directo de diferentes momentos mi vida, un reflejo de mi pensamiento, del cambio y la evolución del mismo.

Hoy en día y por razones completamente inesperadas, me encuentro muy lejos de casa. Motivado por lo anterior, en los próximos días estaré escribiendo post`s que quizá se salen un poco del estilo o los temas que regularmente se tocan en “En Busca de Antares”, serán algunas reflexiones de lo que voy observando, pensando, viviendo y experimentado a lo largo de este viaje. Aquí mi primera reflexión:

Esta es una historia que he querido contarles a través de este espacio desde hace algún tiempo (seguramente muchos de ustedes ya la conocen, para los que no conocen: espero que la disfruten) . No pretendo dar lecciones de vida y mucho menos jugar al sabio o al maestro, simplemente es un relato que a mí me contaron y al que le encontré mucho significado. La historia va más o menos así:

“En una provincia de oriente, dentro de un país del cual no recuerdo su nombre y hace cientos de años, vivía un señor de edad avanzada que se dedicaba a la agricultura…El señor no poseía ninguna fortuna, apenas cosechaba y vendía lo necesario para sobrevivir con su hijo…Una tarde y por un descuido del joven de la casa—que dejó la puerta abierta —, el único caballo que poseían se escapo de la humilde granja…el vecino—que siempre estaba atento a los hechos que acontecían en aquel poblado—se percato de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-que mala suerte vecino, se les escapo su único caballo, comento el señor.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

Pasaron algunos días y en una bella mañana el granjero y su hijo se percataron de que el caballo había encontrado su regreso a casa, pero la sorpresa más grande fue que el caballo no había regresado solo, sino con otros tres caballos…el vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel poblado—se percato de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-que buena suerte vecino, antes tenía un caballo y ahora tiene cuatro.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

A los dos días, el hijo del granjero se subió en uno de los nuevos caballos con la intención de adiestrarlo…el caballo se levanto en dos patas provocando con esto la caída y una fractura en la pierna izquierda del joven… el vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel pueblo—se percato de este incidente y de inmediato fue a visitar a su amigo:

-que mala suerte vecino, los caballos que llegaron les trajeron mala fortuna. Su hijo se rompió la pierna y ahora no tiene quien le ayude a sembrar las tierras.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

A los pocos días el ejercito llego a aquella provincia. El país había entrado en guerra y debían reclutar hombres que pudieran defender a la nación. Pasaron a la humilde granja y se percataron del que el señor era muy mayor y que el joven estaba imposibilitado para el combate, por lo que se fueron y pasaron a la casa de alado. El vecino—que siempre estaba atento de los hechos que acontecían en aquel pueblo—se percato de esta situación y desolado fue a visitar a su amigo:

-que buena suerte vecino, tu hijo no ha tenido que seguir al ejercito mientras que el mío se ha ido y no sé si lo volveré a ver.

El señor de edad avanzada se quedó algunos segundos en silencio mientras contemplaba el cielo, inmediatamente después bajo el rostro y dirigiendo la mirada a su vecino dijo:

-“Buena suerte…mala suerte…no lo sé”.

Y aquí termina el relato…”

Creo que la historia habla por sí sola.

Cuántas veces no hacemos un drama por una “mala” noticia: nos enojamos, nos entristecemos, nos encaprichamos, nos concentramos más en los problemas y terminamos cerrando nuestra visión a las posibles soluciones.

En mi caso, recuerdo que cuando mis padres decidieron que nos mudaríamos a Querétaro me entristecí mucho y claro que tenia porque hacerlo, yo dejaba a todos mis amigos. Sin embargo, también recuerdo que me enoje mucho con ellos y encerrándome en mí berrinche, me negaba a observar las grandes oportunidades que esta nueva ciudad tenía para mí.

Hoy en día le agradezco a el destino por este cambio.

Por otro el otro lado, es una lección de desapego. Nunca sabemos cuándo una “buena” noticia llegará a su final, así que no asumamos que es nuestra y es para siempre.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s