Tres piedras angulares en la vida: un maestro, un amigo y un amor.

Cómo digo a mis estudiantes:

-no pretendo promocionar un whisky, pero ‘Hay personas que poco a poco desaparecen de tu vida, pero el maestro que te enseño a imaginar, el amigo que se volvió tu hermano y la mujer que se volvió tu vida; ellos permanecen”.

Quiero ser muy claro con en el objetivo de este post. Soy un apasionado del cine, pero estoy muy lejos de ser un experto, por lo que no es mi intención hacer una crítica de la película en la que se inspiran estas palabras. Últimamente mi vida ha entrado en un periodo de reflexión, de auto-conocimiento, de una búsqueda. No es nada del otro mundo, son esas mismas preguntas que han acompañado a la humanidad desde siempre.

El domingo pasado tuve la oportunidad de ver la película “De amor y otras adicciones” (Love and Other Drugs), me pareció—sin querer establecer si la película es buena, mala o regular—que tenía algunos elementos que invitan a la reflexión y que comparto con todos ustedes a través de este blog.

1. La forma en que Occidente suele manejar o controlar las emociones/estados de ánimo (modos) como la tristeza/depresión. En la película el protagonista es un representante de la gigante empresa de fármacos Pfizer.

Llamó mi atención, una escena en donde el hermano de este vendedor llega a pedir su consuelo (el de su hermano) ante una decepción amorosa, a penas se abrazan y uno de ellos reacciona y dice:

-nosotros no nos abrazamos.

En la obra “Emociones Destructivas. Un diálogo con su Santidad el Dalai Lama” Daniel Goleman nos habla cómo oriente y occidente han desarrollado formas muy distintas para controlar las  emociones negativas o destructivas. En occidente la tecnología, la medicina, los laboratorios y los fármacos como el Valium, reboxetine o el Prozac: “Hasta el momento, la ciencia moderna se ha centrado en la elaboración de ingeniosos compuestos químicos para ayudarnos a superar las emociones tóxicas.” (Goleman, D. 27).

Por otro lado, en oriente (hablando específicamente del budismo) encontramos otros caminos, igual o más efectivos, pero que representa mucho más trabajo y sacrificio pues se basan en el entrenamiento mental.  “Pero el budismo, por su parte, ha seguido un camino muy distinto –aunque más laborioso y arduo—desarrollando métodos de adiestramiento de la mente, en particular, la meditación En realidad, el budismo afirma explícitamente que la formación…es el mejor de los antídotos para contrarrestar la vulnerabilidad  de la mente a las emociones tóxicas”  (Goleman, D. 27).

2. El reflejo que hace la película de un terrible mal como lo es el Alzheimer. Creo que todos sabemos algo de esta enfermedad, pero muchos desconocemos todas sus implicaciones, todos sus síntomas, fases y el sufrimiento que causa tanto para el enfermo, como para sus seres queridos. Desde mi particular punto de vista, la película logra hacer conciencia en todos los que “afortunadamente” y por experiencia desconocemos o ignoramos las consecuencias de esta enfermedad.

3. Hacia el final de la película se hace una reflexión que va en la misma línea de la frase con la que empiezo este post. Son tres elementos o personas que deseo que todos ustedes ya reconozcan en su vida o estén dispuestos a conocer (desde mi particular punto de vista, deberían ser tres piedras angulares en la existencia de cualquier individuo). Cabe señalar que para conocerlos nunca es tarde, la edad no importa.

  • El maestro que te enseño a imaginar. Tengo el placer, el gusto y el privilegio de decir que ya conocí a uno de estos maestros que marcan tu vida para siempre, mis colegas y quienes me conocen, no me dejaran mentir. Claro que no me cierro a conocer dos o tres maestros de estos, pero este tipo de personas no se encuentran con facilidad.

Muchos me han preguntado como supe que él era uno de estos profesores o que fue lo que me enseño para pensar eso de él. La respuesta es muy simple, tan simple que quizá les parezca tonta, pero uno lo sabe simplemente con escucharlo y tan solo me enseño a, en verdad, pensar y analizar más allá de lo que vemos, leemos o escuchamos.

  • El amigo que se volvió tu hermano. “El descubrimiento más importante de la neurociencia es que nuestro sistema neuronal está programado para conectar con los demás, ya que el mismo diseño del cerebro nos torna sociables, al establecer inexorablemente un vínculo intercerebral con las personas con las que nos relacionamos. Ese puente neuronal nos deja a merced del efecto que los demás provocan en nuestro cerebro y, a través de él, en nuestro cuerpo y viceversa” (Goleman, 2006).

El ser humano es el animal social por excelencia, así que no te aísles socialmente, busca vincularte con una gran parte de la humanidad, entre más mejor. En el camino seguramente conocerás a esas personas que quieres como si fueran de tu familia. Pero los verdaderos amigos también escasean, por eso dicen que los debes contar con los dedos de una mano. No todos los que crees son tus amigos y nunca sabes dónde puedes encontrar a uno de los que desearas conservar para toda tu vida.

  • La mujer que se volvió tu vida “La investigación, que escaneó el cerebro de diecisiete voluntarios mientras contemplaban una fotografía de su pareja y de varios amigos, llegó a la conclusión de que su funcionamiento neuronal era muy semejante al de los adictos. A diferencia de lo que sucede cuando miramos la imagen de un amigo, la contemplación de una fotografía de la persona amada provoca, tanto en los hombres como en las mujeres, la activación de las mismas regiones cerebrales, especializadas en el amor romántico. Como dice el neurocientífico Jaak Panksepp, gran parte de esos circuitos se activan también durante los estados eufóricos generados por la cocaína y los opiáceos. Estos descubrimientos sugieren que la naturaleza extática y adictiva del enamoramiento tiene una razón neuronal” (Goleman).

En este caso, científica, neuronalmente y “literalmente” lo sabes con tan solo ver a esa mujer (u hombre). Pero creo que esa persona que se vuelve tu vida  va mucho más allá de una reacción química:

“Recordó el conocido mito de “El banquete” de Platón: los humanos eran antes hermafroditas y Dios los dividió en dos mitades que desde entonces vagan por el mundo y se buscan. El amor es el deseo de encontrar a la mitad perdida de nosotros mismos. Admitimos que eso es así; que cada uno de nosotros tiene en algún lugar del mundo a su mitad, con la que una vez formó un solo cuerpo.” M. Kundera.

El amor es más que una atracción, más que algo cursi, más una regla social, algo meramente cultural o un miedo a estar solo. El amor reconoce que nuestro ingenioso sistema fue diseñado para vincularnos, el amor es equilibrio, es auto-conocimiento. Y cuando encuentras a una persona que cambia tu vida, sabes que encontraste esa mitad de la que nos habla Milan Kundera en su “Insoportable levedad del ser”.

(Nam vitae mulier).

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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