“En busca de un equilibrio emocional para nuestro país”. II

“Aún no se sabe exactamente por qué David Pologruto, profesor de física de una escuela secundaria, fue atacado con un cuchillo de cocina por uno de sus mejores alumnos…Jason H.,Brillante alumno del segundo curso de una escuela secundaria de Coral Springs, Florida, estaba obsesionado con la idea de ingresar en la facultad de medicina. No en cualquiera facultad: soñaba con Harvard. Pero Pologruto, su profesor de física, le había dado una puntuación de ochenta en un examen. Convencido de que la nota—apenas por debajo de la mejor—ponía en peligro su sueño, Jason fue a la escuela con un cuchillo de cocina y después de enfrentarse a Pologruto en el laboratorio de física, se lo clavo en el cuello antes de quedar reducido en una refriega…Un juez declaró a Jason inocente y transitoriamente enajenado durante el incidente…Jason pasó a una escuela privada y se graduó dos años más tarde con las mejores notas de su clase…Aunque Jason se graduó con los más altos honores, su profesor de física, David Pologruto, se quejó de que el joven nunca se había disculpado ni había asumido la responsabilidad de la agresión. La pregunta es la siguiente: ¿Cómo una persona tan evidentemente inteligente pudo hacer algo tan irracional, tan absolutamente estúpido? La respuesta es: La inteligencia académica tiene poco que ver con la vida emocional” (Goleman, 1995, pp. 53-54).


La educación “tradicional” mexicana se ha enfocado, principal e históricamente, en conocimientos académicos; matemáticas, geografía, historia, español, biología, física, química y un poco de civismo. Si hacemos memoria—los que ya hemos pasado por la educación primaria y secundaria—recordaremos que nunca tuvimos un curso o materia específicamente dirigidos a conocer, interpretar o manejar nuestras emociones. Esto se debe, a que en los últimos cien años los “occidentales” hemos dado prioridad a la inteligencia cognitiva; a medir el nivel de inteligencia de las personas mediantes sus conocimientos, su capacidad para memorizar datos, resolver problemas matemáticos o por su número de coeficiente intelectual (CI).

“Una pequeña pasa una hora con un examinador, quien le hace preguntas para indagar cuánto sabe (¿Quién descubrió América? ¿Qué es el estómago?), su vocabulario (¿Qué es disparate?),…sus conocimientos aritméticos…su capacidad para recordar números…su capacidad para comprender la similitud entre dos elementos…Tiempo después, el examinador califica las respuestas y obtienen solo un número—el coeficiente intelectual de la niña o C.I…La importancia dada al número no es del todo inapropiada: después de todo, la calificación en una prueba de inteligencia si predice la capacidad personal para manejar las cuestiones escolares, aunque poco predice acerca del éxito en la vida futura” (Gardner, 2009).

Si uno lee con atención la misión de la Secretaria de Educación Pública (SEP), entiende que su principal propósito es el de brindar educación a todos los ciudadanos mexicanos:

“MISIÓN/PROPÓSITO:
La SEP tiene como propósito esencial crear condiciones que permitan asegurar el acceso de todas las mexicanas y mexicanos a una educación de calidad, en el nivel y modalidad que la requieran y en el lugar donde la demanden”. (
http://www.sep.gob.mx/wb/sep1/sep1_Vision_de_la_SEP).

Desde mi particular punto de vista, este objetivo busca primordialmente un resultado cuantitativo, es cierto que se habla de una educación de calidad, pero educar a toda la población es claramente la prioridad. Cabe señalar, que si uno navega por la página oficial de esta Secretaría (Nuestra institución, Directorio SEP, Historia de la SEP, Organigrama SEP y Misión y la Visión de la SEP) no encuentra una clara definición de lo que se entiende por “educación de calidad”.

Por otro lado, encontramos un escenario similar al analizar la visión de la SEP:

“VISIÓN:
En el año 2025, México cuenta con un sistema educativo amplio, articulado y diversificado, que ofrece educación para el desarrollo humano integral de su población. El sistema es reconocido nacional e internacionalmente por su calidad y constituye el eje fundamental del desarrollo cultural, científico, tecnológico, económico y social de la Nación”. (http://www.sep.gob.mx/wb/sep1/sep1_Vision_de_la_SEP).

Observamos una vez más la importancia—y vaya que la tiene—de proveer  educación a todos los mexicanos. Un punto que llama la atención en la visión de la Secretaría, es el “desarrollo humano integral”,  pues demuestra el interés por impulsar algunas de las inteligencias múltiples y entonces sí se puede hablar de una educación más integral y diversificada. Pero el desarrollo que se contempla es cultural, científico, tecnológico, económico y social. Es importante señalar en este punto, que un desarrollo social sí va de la mano y se relaciona con una educación emocional, sin embargo una inteligencia social o “interpersonal” (termino que propone el psicólogo Howard Gardner en su obra “Estructuras de la Mente”) es la que nos permite entender a los demás y la inteligencia emocional o “intrapersonal” es la que tiene que ver con un autoconocimiento…Continuará

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Fuentes consultadas:

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