Un turista mexicano en la zona cero.

“Las emociones son contagiosas” Daniel Goleman.

Durante el 11 de septiembre de 2001 me encontraba estudiando la preparatoria. Aún recuerdo no entender las imágenes que vi a través de la televisión y  aún recuerdo confundirlas con el avance de alguna nueva película de Hollywood. En aquel entonces, yo todavía no tomaba la decisión de estudiar la licenciatura en relaciones internacionales.

Sin duda alguna, el 11S fue un “Día D”. Esta fecha cambió los procesos de seguridad para viajar en avión, tuvo grandes consecuencias económicas, freno una posible reforma migratoria en los EE.UU, afectó la salud de miles de neoyorkinos, el vecino país del norte salió a buscar a sus enemigos en un “imperialismo preventivo” (Las “Guerras” de Afganistán e Irak), la palabra terrorismo tomó nuevas dimensiones y la política internacional dio un giro de 180º, entre muchas otras repercusiones. A lo largo de la carrera mis compañeros y yo estudiamos, debatimos y reflexionamos sobre esta fecha desde diferentes perspectivas, pero lo que sentí al visitar la zona cero, ninguna materia me lo pudo haber enseñado.

El 11 de septiembre de 2010 prendí la televisión de mi habitación de hotel a una cuadra de Time Square, mi objetivo, buscar la semifinal del US Open. Empecé a recorrer  los canales—casi en automático—y por estar repasando mentalmente las posibilidades de Federer para vencer a Djokovic, me tarde algunos segundos en reaccionar y darme cuenta de que todos los canales trasmitían el  mismo evento: la ceremonia para recordar el 11S y sus víctimas.

Recordé la fecha  y dediqué unos minutos a ver a la ceremonia. El hijo de un bombero fallecido en el derrumbe de la primera torre, hablaba de lo orgulloso que estaba de su padre y de lo mucho que lo extrañaba. Los que me siguen en este blog saben que soy un apasionado de las emociones y de la empatía, pero ese día, si bien cognitivamente pensaba que era una pena la situación del joven que daba el discurso, emocionalmente no me “llegaba” del todo, no lo sentía. A los pocos minutos le cambié y me puse a ver el tenis.

Mi intensión nunca fue omitir una fecha  tan relevante, pero como internacionalista pensaba que había leído bastante sobre el tema, había analizado el trasfondo político y económico en diferentes ocasiones y había observado las consecuencias sociales  a los largo de esto años; ese día opte simplemente por cambiarle de canal.

Días más tarde caminamos (mis amigos y yo) desde el sur de Manhattan (Donde uno toma el Ferri para visitar la Estatua de la Libertad) hacia el centro financiero y la zona cero. Esta fue la primera vez que visite Nueva York, por lo que nunca tuve la oportunidad de ver las Torres Gemelas (WTC).

Cuando uno ve ese espacio, inmediatamente comprende la magnitud de aquellas construcciones. Entonces  la mente empieza a recordar cientos de imágenes vistas en fotos, películas, revistas, las noticias o los diarios, como queriendo reconstruirlas en la imaginación.

Seguí caminando, pase de lado el museo de 11S y de pronto, todas las implicaciones políticas, económicas, sociales y militares pasaron a segundo término.

Sobre una pared están inmortalizadas algunas escenas de aquel día, en la parte inferior los nombres de cada uno de los bomberos y policías que fallecieron, decenas de flores, globos, fotos y mensajes reposan al pie del mural, entonces leí “Dedicated to those who fell and to those who carry on” y empecé a sentir, empecé a comprender que quizá durante todos estos años había olvidado analizar un aspecto igual o más primordial que los que estudié durante mi carrera: el emocional y el humano.

Me contagié de todas la personas que observaban con atención el mural, la empatía se hizo sentir en mi sistema. Describirlo es complicado, pero claramente estaba afectado a un nivel emocional, podía imaginar—y al imaginar, palpar también—la nostalgia de cada uno de los pequeños que dejó un dibujo para sus padres ausentes, el dolor en cada una de  las cartas escritas por esposas y familiares, y por un segundo percibí el miedo que se vivió aquel día, ese miedo que tuvieron que vencer los policías y bomberos que murieron con un solo objetivo; salvar vidas humanas.

Dos segundos más tarde, un poster se apoderó de mi atención, en el, las fotos de cada uno de los verdaderos héroes, de los verdaderos protagonistas del 11S—no un presidente, un político o un terrorista—la foto de los hombres—que aunados a las víctimas—dan un significado sensato a la frase “May We Never Forget”.

Ese día, el 11 de septiembre de 2001 adquirió un nuevo significado para mí.

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José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

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