Hablar de más, un gran error.

“Las ostras se abren por completo cuando hay Luna llena; y cuando los cangrejos ven una ostra abierta, tiran dentro de ella una piedrita o un trozo de alga, a fin de que la ostra no pueda volver a cerrarse y el cangrejo pueda devorarla. Éste es también el destino de quien abre demasiado la boca, con lo cual se pone a merced del que lo escucha” Leonardo Da Vinci, 1452-1519


Un viernes por la noche, hace algunos meses atrás, me encontraba jugando una partida de dómino. Compartía la mesa con un ganadero. Entre juego y juego, partida y partida, platicábamos de cualquier cosa, hasta que escuche un anécdota que me llamo la atención.

Una semana atrás, este ganadero se había reunido con algunas personas (conocidos de sus amigos), curiosamente una de ellas—el anfitrión de la noche—era un gran apasionado de la fiesta taurina. En ningún momento esta persona se entero que en la reunión había una persona que se dedicaba a criar toros de lidia, el ganadero tampoco lo menciono.

Mientras la noche avanzaba, los toros aparecieron como tema de conversación. El apasionado contaba anécdotas, opinaba sobre esto, emitía juicios sobre lo otro, entraba en polémica y sentenciaba como un experto—mientras tanto, el ganadero escuchaba y seguía en el anonimato.

Como es natural, cualquier entusiasta de la fiesta brava tiene algunos conocimientos—muchos o pocos—sobre la misma. Sin embargo, según lo que nos conto el ganadero, si bien el apasionado era bastante sensato en sus comentarios, su conocimiento era limitado, en otras palabras; era un conocimiento básico.

Hacia el final de la velada, el apasionado por fin se enteró de la presencia de un ganadero en su casa. Él sabía de sus limitados conocimientos, reconocía que había exagerado en algunas anécdotas y que ciertos juicios tenían como fundamento solo su perspectiva. El anfitrión se acerco con el ganadero, con humildad y vergüenza, empezó a preguntarle sobre algunas cuestiones. Él ya no opino, sino que se limito a escuchar a alguien que desde pequeño había estado en contacto con la el mundo de los toros.

Por lo general, a los seres humanos nos gusta jugar a ser los más listos de cuarto. Tenemos una opinión sobre esto y aquello, sabemos de política, religión, finanzas, arte y hasta mecánica. La anécdota con la que empieza este post puede rayar en lo cómico, pero en muchas ocasiones hablar de más o sin saber, puede ser un gran error.

“cualquier persona puede encontrarse incluso en su propio campo habitual de actuación, con una situación en la que piensa que es más listo que los demás, en la que baja la guardia confiado y cae en el engaño” (Martínez 190).

“Una y otra vez eh visto como llegamos los hombres al mecánico, por dar un ejemplo. Todos creemos saber muchísimo de automóviles—algunos si saben y otros simplemente no. Sin importar que nuestros conocimientos sobre el tema sean escasos, nos “encanta” hablar y opinar sobre el tema con el mecánico:

-El coche tiene un ruido, seguramente es la trasmisión.

Posiblemente el coche tenga una pieza floja, que ni es parte de la trasmisión  y el su arreglo es extremadamente sencillo, pero tu opinión le ha dado una señal al mecánico: no sabes mucho de automóviles y si él no es ético seguramente aprovechara la oportunidad:

-Usted tenía toda la razón joven, tuvimos que cambiarle la trasmisión, ya no jalaba.  Aquí tiene su factura”( Evite ser víctima de fraude o de un engaño. Primera parte: No juegues a ser el más listo del cuarto.)

Hablar cuando no sabemos de un tema o no estamos seguros, es un error. La ignorancia no es un pecado, ya que todos somos ignorantes.  El querer llamar la atención siendo un “sabe lo todo” puede jugar en nuestra contra, creo que todos debemos aprender a escuchar y observar mejor.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Fuentes Consultadas:

Green, Robert. Las 48 leyes del poder. Ed. Atlántida 1998. México DF

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2 thoughts on “Hablar de más, un gran error.

  1. Efectivamente. Creo que para todas situaciónes uno debe callar, escuchar y saber cuando, cómo y qué decir al respecto del tema. Además cuando nos equivoquemos la humildad debe de ser una de nuestras virtudes. Excelente post. Un saludo desde NL

    1. Mané:

      Muchas gracias por tu tiempoy tu comentario. Te pido una disculpa por responder hasta ahora. Creo que el callar no da una ventaja, el que habla mucho tiene más probabilidades de cometer más errores. El problema es que a muchos les encanta hablar y opinar de todo.

      Creo que lo más importante que me dejas en tu comentario es la reflexión sobre la humildad. A fin de cuentas todos somos ignorantes.

      Un afectuoso saludo y ojala que visites de nuevo este blog.

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