¡Saramago no murió!

“Mundo es ciego y necio sin Saramago” Meirelles


José Ingenieros estableció una clara diferencia entre el éxito y la gloria. El éxito es para los mediocres, mientras que la gloria es para los genios. Quien persigue el éxito busca la comodidad, busca pasar bien el rato que Dios nos regala, busca sentirse bien consigo mismo, el éxito es egoísta, el éxito es mediocre, el éxito es de un momento. La gloria es para pocos, es para los genios, es para los que buscar trascender más allá de su tiempo de vida, para los que entienden que el ser humano forma parte de una colectividad y por esa razón busca una obra que impacte a gran escala.

Saramago aseguro en una entrevista: “la inmortalidad no existe” y que lo único que era seguro era “el olvido”.

Quién soy yo para contradecir al maestro, pero con su muerte—de alguna forma—sus “Intermitencias de la Muerte” se vuelven “realidad” para él:

“Al día siguiente no murió nadie. El hecho, por absolutamente contrario a las normas de la vida, causó en los espíritus una perturbación enorme, efecto a todas luces justificado, basta con recordar que no existe noticia en los cuarenta volúmenes de la historia universal, si siquiera un caso para muestra, de que alguna vez haya ocurrido un fenómeno semejante, que pasara un día completo, con todas sus pródigas veinticuatro horas, contadas entre diurnas y nocturnas, matutinas y vespertinas, sin que se produjera un fallecimiento por enfermedad, una caída mortal, un suicidio conducido hasta el final, nada de nada, como la palabra nada” (Saramago, 2005, pp. 13).

José Saramago, un hombre reflexivo, racional, ecuánime y con una capacidad— extraordinaria y casi única—para hacer “radiografías” de la naturaleza humana.

“pero ¿por cuánto tiempo? ¿por cuánto tiempo mis lectores van a preguntar por mis libros? En estos tiempos hay una relación muy estrecha entre Gabo y sus lectores, entre mis lectores y yo, pero no podemos decir cómo será entre 50 o 100 años. Esto continuará pero lo cierto es algún día todo caerá en el olvido. Ahí, en el olvido, es que nos vamos a encontrar todos, antes o después. Pero mientras sucede eso, aquí estamos, unos escribiendo, otros leyendo”.(El Universal, 2010, http://www.eluniversal.com.mx/notas/688737.html).

¿Por cuánto tiempo? Yo esperaría que todos siguiéramos leyendo a Saramago, al menos hasta que aprendiéramos a abrir los ojos nosotros mismos.

A sí que tome el libro que estaba leyendo en aquel entonces, “Ensayo sobre la Ceguera” de José Saramago.

Subí al metro, busque un asiento, abrí la mochila, tome el libro y empecé a leer. A los diez minutos llegue a la que, desde mi particular punto de vista, es la parte más dramática de la obra de Saramago; Aún en cuarentena, las mujeres estaban por hacer su primer viaje al otro cuarto para conseguir comida. Las palabras del autor causaron emociones que se vieron reflejadas en mi rostro inmediatamente. Cuando seguramente un expresión cercana al miedo a pareció en mi rostro, escuche:

-¿Qué estás leyendo?

Me tarde unos segundos en reaccionar, pero al fin, baje el libro y vi enfrente de mí a una señora de 60 años aproximadamente,  una tímida sonrisa y un semblante de tranquilidad, ella repitió:

-¿Qué estás leyendo? ¿Por qué haces esos gestos? A lo que respondí:

-“Ensayo sobre la ceguera”. La señora esbozo otra sonrisa y me pregunto en qué parte del libro iba, yo respondí. A partir de ese momento no volví a abrir el libro, casualmente la señora también iba a Sol, así que hicimos todo el viaje juntos, platicando e intercambiando puntos de vista, primero sobre “Ensayo sobre la ceguera” y después de muchos temas más. Durante media hora más sostuve una agradable plática de literatura, cultura y  créanme, que aprendí mucho.

Así como yo aprendí de literatura, cultura e historia de España gracias a la señora con la que platique en el metro, todos podemos aprender algo del taxista que hoy nos lleva al trabajo, del mesero que nos atiende o del abuelo, que muchas veces solo saludamos y no escuchamos. Lo que podemos aprender cada individuo solo espera la oportunidad de ser escuchado.

Sin darme cuenta, Saramago ya me empezaba a abrir los ojos.

José Manuel Guevara S.

Twitter: jmguevaras

Fuentes Consultadas:

Saramago, José. Las intermitencias de la muerte. Alfaguara 2005. México DF.

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