3 Formas de Tratar las Emociones “Negativas”.

El sábado anterior, yo salía de un restaurante con toda mi familia. Era un día tranquilo, todos estábamos de buen humor y disfrutábamos de la calurosa tarde. De pronto algo rompió el equilibrio del entorno; una camioneta se freno bruscamente a unos cuantos metros de nuestra posición, la puerta del vehículo se abrió y solo se escucho el feroz grito de una señora:

-Que te bajes ya.

Inmediatamente después, un joven de aproximadamente 15 años se bajo de vehículo, cerró la puerta y la camioneta desapareció en cuestión de segundos.

Un comentario de uno de los miembros de mi familia me llamo la atención y me hizo reflexionar:

-Qué mal humor.

Nosotros no teníamos idea de porque la señora, que seguramente era la madre del joven, estaba molesta. Podría haber sido justificada o injustificadamente, pero las personas que  estábamos de buen humor y que no conocíamos el contexto de la molestia de esta mujer, nos incomodamos con la situación, pensamos que la madre se vio mal, ridícula, fuera de lugar y hasta quedo como villana.

La realidad es que la gran mayoría de nosotros hemos sido protagonistas de escenas como la que se describió anteriormente. En esos momentos, cuando la ira es dueña de nuestra razón, poco nos importa el qué dirán, quien este alrededor y que piensen de nosotros. Incluso, cuando una emoción destructiva está presente en nuestra persona, poco nos importa si los motivos de nuestro enojo, resentimiento u odio son justificados. “Esos estados emocionales empañan nuestra capacidad de juicio, la capacidad de llevar a cabo una evaluación correcta de la naturaleza de las cosas. Por ese motivo se denominan “oscurecimientos”, puesto que ensombrecen el modo en que las cosas son y, a la postre, nos impiden llevar a cabo una valoración más profunda de su transitoriedad y de su falta de naturaleza intrínseca.” (Goleman, D 113)

Y es que como piensa Aristóteles; enojarse no está mal, siempre y cuando sea por los motivos correctos, en el momento correcto, con la persona correcta y con la intensidad correcta. Pero cuántas veces nos hemos molestado y una vez tranquilos pensamos que todo fue una tontería o un malentendido, algo que nos pudimos haber evitado.

“Consideremos, por ejemplo, el caso de la ira. Un fuerte acceso de cólera parece irresistible e inevitable. En tal situación, somos impotentes para dejar de sentirnos furiosos, como si no tuviéramos más alternativa que experimentarlo. Pero ello es así porque, en realidad, no observamos la naturaleza misma del enfado” (Goleman, D 120).

Pero el secreto para no ser víctima de una emoción destructiva parece que radica en el enfoque o la perspectiva que nosotros le demos a la naturaleza misma de la emoción. Cuando uno se decide a practicar el control de sus emociones, poco a poco y con entrenamiento mental, uno empieza reconocer cuando una emoción se hace presente desde su inicio (Las emociones no aparecen súbitamente, sino que van creciendo poco a poco). Es entonces cuando uno se puede preguntar sobre los motivos, razones y justificaciones del sentirse de tal o cual forma. “Entonces, uno descubre que el enojo no es lo que en origen parecía sino un agregado de eventos muy diferentes” (Goleman, D 120).

Uno puede trabajar con las emociones y lograr una transformación interna, es decir, que no porque alguien siempre los haya reconocido como una persona voluble y de mal carácter esto no se pueda modificar. Las emociones destructivas no son inherentes a mente. Por lo contrario “En la medida en que las emociones negativas se adueñan poco a poco de la mente acaban transformándose en estados de ánimo y, a la postre, en rasgos temperamentales” (Goleman, D 120).

A continuación les comparto tres diferentes modos y niveles (del budismo tibetano) para trabajar con las emociones negativas y que están contenidos en el libro “Emociones Destructivas. Un dialogo científico con el Dalai Lama”, de Daniel Goleman:

“El primer modo de evitar las consecuencias negativas de las emociones destructivas que aportan infelicidad tanto a los demás como a nosotros mismos es la utilización de antídotos. Cada emoción posee su propio antídoto. Como anteriormente señalé, no podemos experimentar al mismo tiempo amor y odio hacia el mismo objeto. Por ellos decimos que el amor es el antídoto directo del odio” (Goleman, D 121).

No se trata de ir y amar a todo mundo, esto es extremadamente complicado, pero sí de hacer una valoración más objetiva de ciertos aspectos: ¿Por qué odio a esta persona?, ¿Cuáles son mis motivos?, ¿Son válidos?, uno no puedo odiar a alguien solo porque si: “En el caso de la envidia, uno debe tratar de alegrarse de las cualidades ajenas y, en el del orgullo, apreciar los logros de los demás, abrir los ojos a nuestros propios defectos y cultivar la humildad” (Goleman, D 121).

“Este proceso siguiere la existencia de tantos antídotos como emociones negativas. En el siguiente paso—el nivel intermedio—debemos ver si existe un antídoto común a todas ellas. Este antídoto sólo puede encontrarse en la meditación, en la investigación de la naturaleza última de las emociones negativas, en cuyo caso descubriremos que todas ellas carecen de solidez intrínseca, en perfecta consonancia con lo que el budismo denomina vacuidad.  No es que súbitamente se desvanezcan en la nada, sino que sólo se revelan más insubstanciales de lo que a simple vista parecían. (Goleman, D 121).

“El último modo—que es también el más arriesgado—no consiste en neutralizar las emociones ni en descubrir su naturaleza vacía, sino en transformarlas y utilizarlas como catalizadoras para sustraernos de su influencia” (Goleman, D 121). Es algo que podemos observar en ciertos deportistas. Aprenden a utilizar su ira, más que perder la cabeza, la encaminan para llegar a su máximo potencial.

“Estos métodos se comparan a las tres formas diferentes de tratar una planta venenosa. Una alternativa consiste en arrancar cuidadosamente la planta, lo que se asemejaría al uso de antídotos. Una segunda opción sería la de echar agua hirviendo sobre la planta, lo que se compara con la meditación en la vacuidad. La tercera alternativa es la del pavo real que, según cuenta la tradición tibetana, es capaz de digerir la planta y alimentarse directamente del veneno. Pero de ese modo no sólo no se envenena… sino que acaba engalanando aún más sus plumas” (Goleman, D 121).

José Manuel Guevara S.

Fuentes:

Daniel Goleman: La inteligencia Emocional, cuando lo inteligente es tonto.

Goleman Daniel: Emociones destructivas. Un dialogo científico con el Dalai Lama. Ed. Vergara. Mayo 2003

Goleman, Daniel. La Inteligencia Social. Editorial Planeta 2006

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3 thoughts on “3 Formas de Tratar las Emociones “Negativas”.

  1. Yo me voy por la opción de la transformación. Ya que si el enojo u odio se presentan en nosotros es por alguna dualidad o por algo que traemos atorado adentro y si logramos ver la causa o el problema en esencia, será una muy buena oportunidad para transformarlo. La transformación es un arte, una forma de hacer magia, crecer y evolucionar…

    1. Avatar:

      Muchas gracias por tu tiempo y comentario, te dejo algunas reflexiones:

      “Las emociones nos preparan para hacer frente a acontecimientos importantes sin tener que pensar en qué hacer” (Ekman, 2007, pp. 20).

      La ira nos advierte cuando una persona entra en desesperación o frustración. Gracias a esa advertencia podemos actuar con tacto y cautela. La ira también puede ser útil cuando consideramos que se está cometiendo una injusticia, nos puede motivar a cambiar el mundo, a luchar por la justicia social o los derechos humanos.

      En tu caso decides ordenar tu casa, la emociones pueden servir para cosas productivas.

      Un saludo.

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