Caciques, vigentes en nuestro país.

Después de leer en ensayo del historiador británico Alan Knight, algo me queda muy claro: el caciquismo sigue existiendo en nuestro país. Cientos de licenciaturas, maestrías y doctorados en miles de universidades a nivel mundial, dedican, materias, cursos, talleres, congresos y diplomados ha enseñar nuevas formas de liderazgo político y social. El poder autoritario no debe ser nunca más, la forma de conducir un municipio, un estado o un país. Sin embargo en México el caciquismo sigue arraigado en la cultura política, hemos convivido históricamente con el y es tan vigente ahora como antes. Revisemos la definición de cacique según la Real Academia de la Lengua Española:

Cacique, ca. (De or. caribe).

1. m. y f. Señor de vasallos en alguna provincia o pueblo de indios.

2. m. y f. Persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo.

3. m. y f. coloq. Persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos.

El poder abusivo y la excesiva influencia en asuntos políticos no son parte de un buen jefe según Daniel Goleman en la “Inteligencia Social” o de un liderazgo transformativo según Bernard M. Bass y Paul Steidlmeirer, los tiempos han cambiado. Un liderazgo transformacional autentico es cuando se conjugan cuatro particularidades:

  • Influencia idealizada.
  • Motivación inspiradora.
  • Estimulación intelectual.
  • Consideración individual.

El liderazgo transformacional se trata de igualdad no de superioridad, se trata de respeto y libre expresión, pero los caciques poco saben de esto.

Para Knight es particularmente interesante como el caciquismo se ha mantenido a través del tiempo, se ha modernizado, ha evolucionado y se ha reinventado para seguir vigente. Es de llamar la atención que esta forma de ejercer el poder no obedece a un dictamen divino o hereditario como una monarquía. Es una forma de poder informal, pero que se legitima a la fuerza y a través de los años, volviéndose casi una costumbre: “Los caciques no necesariamente tienen que ocupar cargos oficiales para ejercer su poder” (Knight).

El autor nos dice que en el pasado el Presidente de México ejercía un caciquismo nacional, siendo él único que no tenía que rendir cuentas a un superior (característica de los caciques). Pero esto ha cambiado por dos razones: la primera es la influencia y presión de los Estados Unidos, nación que no ve con buenos ojos un poder autoritario, precisamente por la segunda razón: la democracia. En los últimos años hemos sido testigos de cómo los Estados Unidos propagan y utilizan la bandera de la democracia, que no es precisamente un sistema basado el poder autoritario, para interferir en asuntos políticos otros países.  Lo anterior  ha ocasionado un cambio en la forma de ejercer el poder de nuestros presidentes.

Seguramente todos reconocemos en la Maestra Elba Esther Gordillo, el difunto Don Fidel Velásquez  o Mario Vásquez Raña un ejemplo de caciquismo actual. Todos ellos con una ventaja que ni el mismo Presidente de la República tiene, ellos jamás fueron o han sido impedidos por la regla de la “no reelección,  “van y vienen por una secuencia de cargos, con movimientos ascendentes, descendentes y laterales, sin por ello perder —a pesar de los cargos específicos— un poder regional duradero” (Knight).

Los caciques son como maestros sin preparación, se mueven a través de castigos y recompensas: “El cacique recompensa a sus amigos y castiga a sus enemigos…Cumple con la vieja máxima de Díaz: pan o palo. Recompensas, castigos”. De tal forma que es mucho más conveniente ser amigo del cacique y no su enemigo, sirviéndolo fielmente en espera se sus favores y no de sus castigos, algo sin duda muy cercano a lo que nos dice Joseph Stiglitz, Premio Nóbel de Economía y que nos recuerda constantemente la Dra. Dense Dresser: “Una mala encarnación del capitalismo, el capitalismo de cuates”.

Lo peor del asunto, desde mi particular punto de vista, es que el cacique tiene muchas de las características de un líder (inteligencia, elocuencia, valor, intuición), es uno entre miles, el mismo Maquiavelo, seguramente reconocería muchas virtudes en su persona, pero todo el talento que posen esta mal encaminado, cegado por la ambición, los lujos, el dinero y el poder.

El caciquismo no va de la mano de la educación, por el contrario, la educación es una forma de erradicar esta práctica: Estudiar derecho, economía o administración pública puede proporcionar un atractivo medio de acceso a la élite política mexicana. Pero dichos estudios no sirven para preparar caciques” (Knight). Un cacique empieza desde los niveles más bajos, razón por la cual caen en esta práctica personas que piensan o sienten que no tienen otra opción para mejorar su calidad de vida. Se debe mostrar una obediencia total, se debe acatar órdenes que muchas veces son violentas pero solo así se tendrá una opción para avanzar.

El autor habla de cinco niveles de caciquismo: el nacional, el estatal, el regional, el municipal y el local. En todos los niveles, a excepción del primero (El Presidente), los caciques tienen un superior a quien rendirle cuentas.

Esta forma de ejercer el poder sigue vigente a todos los niveles en México, son: “Como “eslabones”, o intermediarios, los caciques son los medios de acceso a distintos niveles de la actividad política. Ya que todo el sistema de múltiples niveles cambia a lo largo del tiempo, las actividades caciquiles también cambian” (Knight).

Es importante mencionar que los caciques son la herencia de setenta años del mismo partido (El PRI), un partido que se acostumbro a buscar sus propios beneficios y no los del pueblo, en donde se avanzaba mucho más rápido obedeciendo al superior, alimentado su ego y no haciéndole ver sus errores. ¿Qué estudioso de la política mexicana no se ha sorprendido ante la increíble flexibilidad de los políticos mexicanos (sobre todo priístas), ante su capacidad para ser todo para todos los hombres, para “reinventarse” a sí mismos y a su partido sexenalmente, para hacer declamaciones con retórica rimbombante al tiempo que juegan con la ruda pelota de la política?

Habrá que ver si los diferentes partidos que hoy se reparte el poder: quieren y pueden transformar la política mexicana desde sus raíces. Los poderes colonizadores de los intereses establecidos, incluyendo a los caciques, no deben subestimarse.

Fuentes:

Cultura política y caciquismo: http://www.letraslibres.com/index.php?art=6612

Que Hacer Para Crecer – Denise Dresser: http://www.youtube.com/watch?v=MYX0ckntwx0

Bass, Bernard M.  Ethics, Character, and Authentic Transformational Leadership.

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